Tere, amiga de Xavi, es una admiradora de Teresita de Jesús (1873-1897), pues la ve como una interesante figura que vivió intensamente su jovialidad en un mundo que se iba descubriendo complejo y diverso.
Santa Teresita nació en una familia de fe y afecto, sus padres fueron Luis Martin y Celia Guérin, ambos reconocidos como santos por la Iglesia. Una experiencia de honda tristeza acompañará parte de su infancia, ya que su madre muere cuando ella tenía cuatro años. No obstante, el cuidado y la cercanía con su padre y sus hermanas le permitirán crecer abierta al mundo y sus realidades, sin detenerse en las etapas de escrúpulo o introversión que llegó a experimentar. Fue admiradora de la audaz y valiente santa Juana de Arco, y al igual gozaba con la lectura de las obras de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Ávila.
Tere comparte con sus amigos que esta inquieta carmelita francesa, vivió una espiritualidad de sencillez y alegría, gozando de una profunda amistad con Jesús, que hacía que aun hasta las cosas más cotidianas y humildes tuvieran una proyección universalista, porque estaba convencida que el amor la unía a Dios. Con su oración y sus sacrificios, con sus acciones y emociones podía estar cerca de Cristo y ofrecerse por los misioneros, por los pueblos lejanos, por toda la humanidad. Recibió como don y tarea, el encargo de acompañar con su oración y sus sacrificios a dos hermanos misioneros, el padre Roulland, misionero en China y el padre Bellière.
Por eso decía: La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares porque es eterno.
Su vida se ve sacudida por una fuerte enfermedad que la lleva a la casa del Padre celestial a sus veinticuatro años. Poco tiempo después, en 1925, Teresita es declarada santa y en 1927, pese a no haber abandonado nunca el convento, es proclamada Patrona de las Misiones. Se reconoce que, desde su pequeñez, ella vive amando al mundo con un corazón misionero, orando siempre por los misioneros y su deseo ardiente de ser misionera hasta los últimos confines de la tierra.
El 19 de octubre de 1997, durante las celebraciones del primer centenario de su muerte, el papa san Juan Pablo II la proclamó Doctora de la Iglesia Universal con título de Doctor Amoris (Doctora del Amor) por la solidez de su sabiduría espiritual, inspirada en el Evangelio, por la originalidad de sus intuiciones teológicas, y por la acogida en todo el mundo de su mensaje espiritual, difundido a través de la traducción de sus obras en más de cincuenta lenguas.
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