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P. Pablo Torres

Amar nuestra decisión

Estamos casi al cierre del curso escolar en nuestro país. Muchos jóvenes están por terminar su formación académica básica y se estarán preguntando acerca de la carrera profesional que van a seguir; algunos se preguntarán sobre su vocación…

¿Y ahora qué…? La respuesta que se dé a esta pregunta, no solo influirá en la carrera que se elegirá, sino que también determinará el rumbo y la forma en que uno vivirá en el futuro.

Hay una frase del filósofo José Ortega y Gasset, que expresa atinadamente la realidad de muchas personas y en especial la de los jóvenes que terminan la preparatoria: Mira, es que soy yo y mi circunstancia.

Todo ser humano, al momento de tomar una decisión, está colocado en el mundo de una manera muy peculiar, está influenciado por su contexto, su historia familiar, su país, el año en que nació, etc. Al momento de decidir nuestro futuro, deberíamos tener en cuenta las circunstancias presentes, es decir, no decidir en función de lo que pensamos, sino tomando en cuenta la realidad.

A la luz de la fe, el proyecto que Dios deposita en cada una de las personas, no ha sido ni será jamás una imposición, sin embargo, implica la necesidad de descubrir lo que las personas somos capaces de hacer con creatividad.

Por eso, el camino de la vida implica asumir con libertad mi realidad y mi circunstancia, como la asumió Jesús de Nazaret y muchas otras personas que alcanzaron la plenitud, porque asumieron su realidad y su libertad en medio de lo que sus circunstancias los posibilitaban o limitaban.

Por tanto, es importante recordar que una decisión no solo se debe tomar con la mente, sino también debe sentirse con el corazón. Además, una decisión debe amarse, para que la persona vaya realizando e integrando sus circunstancias para llegar a decisiones valoradas, pensadas y amadas.

Es allí, en la maraña de reflexiones sobre el rumbo de la propia vida, en que Dios ilumina nuestro interior y nos da la oportunidad de reconocerlo en la vida presente.

Este tiempo de fin de curso, es una buena oportunidad para reflexionar en todas aquellas circunstancias de nuestra vida en las que sentimos la presencia de Dios, y nos iluminó para poder elegir lo que había en nuestro corazón.