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Se cuenta que un rey ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera describir en una pintura la paz perfecta. Hubo dos pinturas que le llamaron la atención. La primera era un lago muy tranquilo que reflejaba un cielo muy azul y las plácidas montañas que lo rodeaban. La segunda tenía montañas escabrosas, caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Cuando el rey observó cuidadosamente el segundo cuadro, vio tras una cascada, a un pajarito descansando plácidamente en medio de su nido, colocado sobre un delicado arbusto que había crecido en la grieta de una roca.

La muerte de Jesús en la cruz fue uno de los momentos más difíciles y dramáticos de la vida de los discípulos porque no fueron capaces de permanecer a su lado cuando más los necesitaba. Esta experiencia los sumerge en un abismo de remordimientos, de oscuridad… Nos podemos imaginar su sorpresa al ver a Jesús resucitado en medio de ellos invadiéndolos con su luz y diciéndoles, la paz esté con ustedes…

 A quién no le gustaría vivir en paz, sin problemas, sin preocupaciones… pero bien sabemos que eso no es posible, ya que el sufrimiento es parte de la vida. Y cuando vivimos esos momentos difíciles, quién no desearía que Jesús también se nos apareciera y nos dirigiera las mismas palabras que dijo a sus discípulos, sobre todo cuando sentimos que dentro de nosotros se ha creado un vacío, un sinsentido en nuestras vidas, para que como los cristianos de España que con gran valentía y con mucha esperanza, no nos dejemos robar la alegría de compartir lo más grande que hemos recibo, nuestra Fe.

Podríamos también pedir la ayuda de san Francisco Xavier, que cuando partió a misión, aun cuando ya no era un muchachito, mantenía las fuerzas y el entusiasmo de un jovial hombre lleno de ideales, de una profunda y gentil atención por aquellos que vivían a su lado, particularmente, por las personas que más experimentaban el sufrimiento.

Nuestra fe en Jesús resucitado nos debería ayudar a crear nuestro pequeño nido, como el del pajarito de la historia, que nos permita que a pesar de las escabrosas montañas y los impetuosos aguaceros que puedan llegar a nuestra vida, podamos mantener aquella paz de corazón, que nos lleve incluso a orar por aquellos cuya vida está en riesgo por la violencia todos los días. Un pequeño nido, que nos permita tener la paz en el corazón para poder tener iniciativas como la iglesia caldea, que a través de la peregrinación que organizaron entre cristianos y musulmanes querían mostrar que Dios no es un estandarte de guerra, sino al contrario, quiere la reconciliación y la paz.

Al rey le preguntaron por qué había elegido la segunda pintura. A lo que el rey respondió: La paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas esas cosas permanezcamos en calma dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.