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El evangelio nos dice que cuando Jesús pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Los discípulos le responden con los comentarios que han escuchado. Sus respuestas son claras, concisas… sin embargo poco reveladoras. Es necesario que Jesús reformule su pregunta para encontrar la verdad sobre Él. ¿Y Ustedes, quien dicen que soy Yo? Pedro responde: “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Una respuesta tan acertada lleva a Cristo revelar a Pedro su misión en la Iglesia. Leamos: Mt 16, 13-23.

Tales revelaciones no vienen al azar… 

Jesús, que ha escuchado con asombro la confesión de Pedro, Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, revela también a Pedro la fuente de tan gran verdad: ¡No te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del Cielo! Existen en las Sagradas Escrituras varios testimonios de hombres y mujeres que han comprendido bien el misterio de la revelación. Dios se comunica con el hombre hasta el punto de enviar a su Hijo Jesucristo: Nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera comunicar (Mt 11, 27). Tales revelaciones no vienen al azar, Pedro es un judío, por tanto, es alguien que vive en contacto con Dios Padre quien le revela que el Mesías debe ser el Hijo de Dios vivo. Cristo se manifiesta tan cercano y esperanzador que esta gran fe de Pedro, desde hace tiempo la vive en su corazón: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás…

Pedro sabe que Dios lo lleva de la mano. Jesús al llamarlo bienaventurado, lo coloca en la lista de los elegidos de Dios, a quienes por el cambio de nombre se les asigna una tarea en la historia de la salvación: “Y yo te digo: Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt, 16, 18). Existe en la vida de los personajes bíblicos una especie de pasión por la misión que Dios les da; pero las buenas intenciones, si no son puestas a la luz de la fe, no forman parte del plan de Dios y deben replantearse para que la fe madure. Nuestra fe está en continuo diálogo con el plan de Dios. Jesús interpelando a Pedro lo pone nuevamente en sintonía con el misterio de la salvación, en donde las pruebas, los sufrimientos y el dolor de la muerte recobran sentido, tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres. le dice Jesús. (Mt, 16, 23). Es claro en esta afirmación de Cristo, que, la fe en diálogo con Dios, comporta siempre, creer en su Palabra.

Reflexión personal

Pedro era judío, yo soy católico, ¿El nombre que he recibido en el Bautismo, representa para mí una integración en el plan de Dios? ¿Cuáles son las interrogantes que más hacen tambalear mi fe, y cómo me ayuda Cristo a consolidarme?