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San Tarcisio fue un monaguillo que vivió en la época romana, en el tiempo en que el emperador Valeriano y sus soldados perseguían a los que creían en Jesús, y por eso los cristianos se reunían en las catacumbas, para celebrar la Misa y rezar, porque si los veían rezando afuera, los metían en la cárcel, y después los llevaban al Circo de Roma para ser devorados por los tigres y los leones.

Un día, después de celebrar la Misa en la catacumba de san Calixto, el papa Sixto preguntó si alguno podía llevar la comunión a los cristianos que estaban presos por creer en Jesús. San Tarcisio le dijo al Papa, que él podía llevar la comunión, porque al ser tan joven, nadie podría sospechar de él. El Papa aceptó y san Tarcisio tomó el copón entre sus manos, la cubrió con un paño, y salió hacia la cárcel.

Cuando iba caminando, se encontró con un grupo de jóvenes no cristianos que lo invitaron a jugar, pero les dijo que estaba ocupado, y siguió caminando. Los jóvenes lo siguieron, y le dijeron que les mostrara lo que llevaba en su mano. Él se negó, pues bien sabía que, si les mostraba las hostias consagradas, las iban a pisotear.

Entonces los jóvenes se enojaron mucho, y lo comenzaron a empujar y empujar hasta hacerlo caer. Cuando ya estaba en el suelo, en vez de ayudarlo a levantarse y dejarle de pegar, le empezaron a tirar piedras que lo hicieron sangrar y perder el conocimiento.

Mientras los jóvenes trataban de abrir las manos de san Tarcisio para ver lo que llevaba, paso por ahí un soldado cristiano llamado Cuadrado que lo cargó y lo llevó a una de las catacumbas donde el niño Tarcisio murió. Tenía tan solo once años. Con su manera de morir hizo honor a su nombre que significa valeroso.

San Tarcisio murió con la Eucaristía en las manos, para impedir que fuera profanada; dio la vida para que la Jesús no fuera despreciado por quienes no la sabían apreciar. Nosotros cuando comulgamos, llevamos a Jesús en nuestro corazón, por lo que deberíamos apreciar y valorar la santa Eucaristía, y dar la vida antes que ofender a Jesús Sacramentado como san Tarcisio.

Nunca es tarde ni temprano para ser testigo de Cristo…