Para hablar del diálogo con los amigos según la Biblia, es necesario presentar primero lo que ella misma nos dice acerca de los amigos, pero creo que se necesitaría más espacio para poder hacerlo. Nos limitamos aquí a algunos versículos del capítulo 6 del Sirácide que aconseja tener muchos amigos, pero como consejeros, hay que escoger uno entre mil (v. 6); después nos dice que al amigo nuevo se le debe poner a prueba y no otorgarle demasiado pronto la confianza (v. 7). Y nos advierte que hay amigos que solo lo son cuando les conviene, pero no lo serán en las dificultades (vv. 8 y 10); lo peor es que algunos se transforman en enemigos (v.9). Estas y otras consideraciones no deben hacernos olvidar que Jesús nos invita a amar a todos, incluso a nuestros enemigos, cosa que Él vive llamando amigo a Judas cuando lo está traicionando (cfr. Mt 26,50), además nos invita a hacer amigos que nos reciban en las moradas eternas con el dinero injusto (cfr. Lc 16,9).
¿Cómo se hace el diálogo con los amigos? Una gran imagen que la Biblia nos presenta es aquella que nos habla de la relación de Moisés con Dios: Yahvé hablaba con Moisés, cara a cara, como habla un hombre con su amigo (Ex 33,11). Esto quiere decir que el amigo verdadero habla a su amigo –y de su amigo– solo frente a frente, sin esconderle lo que otros traman en su contra, aun cuando sean los propósitos de su propio padre, tal y como ocurre en el ejemplo de amistad entre Jonatán y David, por lo cual el primero acepta investigar si de verdad su padre, el rey Saúl, quiere matar a David (cfr. 1S 20).
En ese mismo plano encontramos lo que Jesús dice a sus apóstoles, reunidos en el Cenáculo: Ya no los llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre (Jn 15,15).
Así pues, en la Biblia encontramos que el diálogo con los amigos es sin- cero, sin esconder nada, sin hablar a espaldas, pero sobre todo es fruto del cariño, ya que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos (Jn 15,13). Es un diálogo fruto de la alegría de estar al lado del amigo, de escuchar su voz (cfr. Jn 3,29) y con el deseo de realizar lo que el amigo quiere (cfr. Jn 15,14).
No debemos olvidar que un amigo también nos puede llevar por caminos que no debemos seguir y, en ese caso, no debemos escucharlo, no debemos aceptar sus propuestas. El libro del Deuteronomio es aún más radical, ya que nos dice que, si el amigo a quien tanto queremos trata de convencernos de aceptar otros dioses, no solo no accederás ni le escucharás, sino que no tendrás piedad de él, no le perdonarás ni le encubrirás, sino que le harás morir… (Dt 13,9-10), porque nuestro principal amigo es Dios, Jesucristo.



