Durante sus primeros años de sacerdocio, monseñor Conforti veía más claro y posible poder realizar su proyecto misionero. Se veía como párroco de una parroquia económicamente estable y situada en una posición geo- gráficamente favorable para la apertura de un seminario para vocaciones misioneras. Tal vez podría ser Berceto, algún noviciado o escuela de formación de tipo religioso. La decisión del obispo Miotti de ofrecerle el ministerio subdiaconal en la catedral de Parma llevó a Conforti a buscar otro camino, ya que, al ser canónico, tenía que aumentar el número de alumnos del seminario diocesano y sostener a los más pobres. La muerte del obispo Miotti en 1893 cambia toda perspectiva y obra de monseñor Conforti.
En el seminario los estudiantes lo apreciaban, lo reconocían fiel seguidor del reglamento como vicerrector, al mismo tiempo descubrían un ánimo atento a las personas, y sensible a las más avanzadas perspectivas espirituales y pastorales de la iglesia del siglo XIX sobre todo en el ideal misionero.
Vicario general
Monseñor Conforti pronto supo ganarse el aprecio y el afecto del clero, sin por eso faltar a su deber, ya que fue nombrado vicario general de la diócesis por el nuevo obispo monseñor Magani. El joven vicario tenía una espiritualidad tan profunda que le impedía llegar a ser un hombre de poder y carrera. En ese tiempo sus compañeros lo describen como una persona de gesto mesurado, palabra atenuada, en la solicitud callada apenas acentuada por alguna estría de nerviosismo. Pero su mundo interior permanece intacto, sus máximas preocupaciones son siempre las preocupaciones espirituales.
Monseñor Magani sentía admiración y atención por el joven educador animado por un nuevo y claro impulso misionero. Conforti lo ayudaría a la reconciliación presbiteral de la diócesis, ya que era un vicario general ecuánime, equilibrado y de integra sumisión al obispo, aun- que siempre con el drama de no estar completamente de acuerdo con la manera de actuar de su obispo. Magani lo define como un hombre honrado que no se prestaba al doble juego, ante las propuestas de cargos acostumbraba confesarse de insuficiencia, esto seguramente era sincero, aunque también podría ser un género literario.
La primera casa
A pesar de sus muchas ocupaciones que tenía Conforti en la diócesis, logro abrir una casa de formación para misioneros en la calle Borgo Leon d´Oro, muy cerca de la catedral. En las horas libres de sus muchas ocupaciones, atendía el cuidado espiritual de los alumnos mediante las instrucciones de los jueves y la meditación que diariamente daba en la capilla.
El padre Bonardi recuerda como guardaba una impresión exacta sobre cómo se nos iba formando en el ideal misionero: las conversaciones misioneras tanto del Fundador como de otros superiores, las revistas de las Misiones Católicas de Milán que Conforti había comprado la colección completa y que eran leídas con avidez, que, aunque fueran números pasados, hacían latir la tierna frescura de la novedad de nuestro ideal. No vivía aparte de los alumnos, como su- cedía en muchos seminarios, sino que tenían un con- tacto constante con los seminaristas, fomentado un espíritu de familia.



