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P. José Luis Castillo

El cirio de Nuestra Señora

Respirando el aire puro del Amazonas, recorriendo caminos, veredas, ríos y arroyos para encontrar a las comunidades cristianas que esperan la llegada del sacerdote y del equipo parroquial para pasar un día juntos fortaleciendo y compartiendo la fe en Dios que nos ha dado todo. Es lindo ver como la expresión religiosa de esos lugares es diferente, llena de sentido, de alegría, de fe y confianza en un Dios que está en medio de nosotros.

Una de las cosas que un misionero está invitado a hacer, es conocer y respetar la cultura donde llega… Una vez que se conoce, se valora y se participa de la devoción con la que el pueblo alimenta su fe. Al inicio es simple curiosidad por lo nuevo, pero, poco a poco uno se va sintiendo parte del evento hasta llegar a sentir la protección de Dios a través de María nuestra madre presente en las diferentes advocaciones con que cada pueblo la venera y que nos invita a conocer y a amar a su Hijo Jesucristo nuestro salvador.

La procesión del Círio, que tiene una tradición de más de doscientos años, da inicio la mañana del domingo con la celebración de la Eucaristía en la catedral y cubre un recorrido de seis kilómetros por las calles de la ciudad de Belem, hasta la Basílica de Nazaré donde se concluye la procesión con otra misa. A lo largo de cuatro horas, la gente manifiesta llena de emoción y alegría su fe con rezos, can- tos, lluvia de papel picado, pétalos de rosa. Muchos de- votos, descalzos, se agarran con tanta fuerza a las cuerdas que protegen las andas que llevan la imagen, que llegan a lastimarse las manos, otros llevan exvotos, y algunos, cumpliendo alguna promesa, ofrecen agua a los fieles.

A las cinco de la mañana las calles de la ciudad están llenas de gente de diferente origen social, miles de fieles tratan de buscar lugar delante de la catedral, para escuchar la célebre misa, antes de la procesión. Siete campanadas, anuncian la salida del carro que lleva la imagen de la Virgen. Fuegos artificiales estallan, anunciando al resto de la muchedumbre dispersa alrededor, que la procesión está en camino. La imagen de Nuestra Señora de Nazaret en lo alto de su carroza generosamente adornada con flores, parece flotar encima de esta marea humana. La imagen de la Virgen va acompañada por otros muchos carros alegóricos, siendo uno de los más apreciados el Carro de los Milagros.

La inmensa marea humana recorre lentamente las calles y la gente devota saludan a la Virgen al paso de la comitiva.

Uno de los momentos más emocionantes de la procesión es cuando la imagen de la Virgen entra en una de las calles principales de la ciudad, se hacen estallar los fuegos artificiales que los sindicatos, empresas y diversas instituciones ofrecen en honor a la Virgen.

Los fieles levantan sus rostros y sus brazos hacia el cielo en un ambiente de fervor y emoción. Una vez que llega al Santuario de Nazaré, la Virgen se queda ahí las siguientes dos semanas para que los peregrinos puedan visitarla y pedir su intercesión.

Al terminar la procesión, se da paso a la otra cara de la fiesta: la diversión, la música, el baile, las cabalgatas, los fuegos artificiales y las tradiciones folklóricas amazónicas propias de ese estado de Pará. Pero eso no quiere decir que la Virgen se quede en su santuario, a Nuestra Señora de Nazaré, se le puede ver en todas partes, ya que se hacen altares en su honor en las casas, en los bares, en los comercios… Esta celebración crea el ambiente propicio para que las familias se reencuentren, convivan y compartan juntos la fe.

Que Dios nos siga bendiciendo y protegiendo por intercesión de su madre santísima la Virgen de Nazaré…