Hace algunos meses, en su escuela, a Xavi y a Tere les dieron una tarjeta con la siguiente oración: Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan solo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Un amigo les ha dicho que esa plegaria es parte de la encíclica Laudato si, un escrito del papa Francisco que nos in- vita a la esperanza, al diálogo, al cuidado de nuestra tierra, nuestra casa común. La situación mundial contemporánea nos muestra que, aun en nuestra diversidad, son muchos quienes están en búsqueda de un desarrollo equitativo y sostenible. El papa Francisco se une a ellos y quiere entrar en diálogo con cada persona que habita este planeta, con las instituciones y las organizaciones que comparten esta idéntica preocupación por nuestra casa común.
Como a tantos muchachos de su edad, a Xavi y a Tere se les estremecen las entrañas al ver las diferentes situaciones de pobreza extrema que enfrenta la humanidad. Les sor- prende que las víctimas de los desastres naturales siempre sean familias y comunidades pobres. En un principio incluso habían llegado a pensar que Dios tuviese una particular tendencia a castigarlos.
Sin embargo, discutiendo esas ideas se dan cuenta que aun cuando las fuerzas de la naturaleza son impredesibles, hay personas y grupos a quienes tanto les embelesa alcanzar sus propios intereses de lucro que no les importa el daño que provocan a otras personas o a la naturaleza modificando el entorno.
Lo que más les impresiona es observar como la humanidad aun teniendo tanta tecnología y recursos a su disposición, enfrenta la peor crisis humanitaria de los últimos 70 años, 20 millones de personas enfrentan una severísima hambre. Esta catástrofe tiene causas naturales, como ex- tensas sequias, pero también causas humanas, como los prolongados conflictos bélicos.
Ambos amigos piensan que no es posible quedar indiferente. Xavi, tan lleno de ilusiones por la vida cree que es esencial compartir palabras como las de Francisco que nos señalan la importancia de mirar al mundo con la conciencia de que somos hermanos y responsables unos de otros, piensa que es importante conocer la información que ofrecen los investigadores del cambio climático, e inspirar- se con la voz de músicos y poetas que invitan a cuidar del planeta.
Tere con su característico optimismo expresa que vale la pena seguir animando a sus amigos a separar la basura, a unirse campañas de reciclaje, a no desperdiciar el agua, a plantar nuevos árboles y cuidar los que tenemos, fomentar el diálogo para resolver nuestros conflictos.
Y tú, ¿eres alguien sensible a los problemas del ambiente y la pobreza o te quedas indiferente? ¿Cómo cuidas de nuestra casa común? ¿Has hecho un plan con tu familia o amigos para cuidar los recursos naturales?



