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La persona y la vida del padre Beto, han dejado en mí muchos recuerdos en su manera de seguir a Cristo. El gran Beto, el shadow, como se le llamaba, lo conocí en Salamanca cuando llegó al postulantado en noviembre de 1989, y desde el principio mostró siempre mucha alegría, siendo un hermano generoso, alegre, que buscaba tenernos a todos contentos con su particular forma de vivir lo cotidiano en la vida del seminario. Recuerdo que le gustaba mucho jugar volibol, deporte que había practicado desde niño y que lo hacía con mucha habilidad.

Al famoso shadow, no le fue difícil adaptarse a la vida comunitaria xaveriana, tenía un carisma muy especial para relacionarse con los herma- nos de la comunidad, y un don de gentes que le hacía fácil relacionarse con todos los hermanos y con cualquier tipo de persona, tanto en casa, como en las diferentes colonias donde iba al apostolado. Recuerdo que tenía mucha creatividad para realizar los encuentros de catequesis y las actividades apostólicas que se le encomendaban.

Tampoco le era difícil tratar a las personas, ya fueran ancianos o niños, adultos o jóvenes, era muy aventado, tratando de poner lo mejor de sí en las actividades que realizaba. Tenía un muy buen carácter, pero al mismo tiempo se exigía así mismo y sabía exigir a los que colaboraban con él en las diferentes actividades que se le encomendaban y en aquellas que tenía que hacer en grupo.

Además, tenía un gran sentido de familia, amaba a su familia xaveriana, y amaba a su familia de sangre, y este amor que tenía por ambas familias, lo proyectaba como un amor extendido que lo concretizaba desde el lugar donde estuviese siendo muy detallista, hablaba por teléfono a muchas personas que él estimaba entre ellas a las mamás de los compañeros de grupo. Mi mamá me decía, me llamó el padre Beto, y se sentía muy agradecida por estos detalles tan bonitos.

Personalmente tuve la gracia de convivir muchos años con él y agradezco a Dios, la gran calidad humana que le regaló. Desde el inicio de su vida xaveriana en el postulantado, hasta la teología, por lo menos nos encontramos nueve años viviendo en la misma comunidad, donde pude compartir muchos momentos agradables con Beto. Momentos de oración, de trabajo, de deporte, de convivencia, que me ayudaron también a seguir adelante en mi vida misionera, porque el ejemplo y el testimonio del shadow fueron muy enriquecedores, y aunque no faltó algún momento de corrección fraterna, veo que fue para mi bien y para crecer en la fraternidad y en el gran aprecio que tengo por él y que tendré a pesar de que físicamente ya no esté entre nosotros. Su ejemplo de vida y testimonio espiritual siempre serán para mí como una herencia que me acompañarán en mi vida xaveriana.

La forma como el padre Beto siguió a Cristo es muy iluminadora, por- que lo hizo de una manera muy dinámica y creativa, a ejemplo de san Pablo, supo hacerse niño con los niños, joven con los jóvenes, adulto con los adultos… Agradezcamos al buen Padre Dios los dones que le concedió a Beto y sigamos aprovechando la herencia que nos dejó en nuestra familia xaveriana.