El hombre y la mujer de nuestros días, están en búsqueda de Dios; su deseo es conocerlo. Una definición lo encajona y las meditaciones son limitadas. Dios va más allá de eso y nos sorprende revelándose para comunicarse con el ser humano. Leamos Éxodo, 3, 1-15.
El relato del Éxodo, quizá parezca lejano o mítico, sin embargo, es uno de los pasajes más importantes de este libro. Para esto necesitamos asomarnos y recordar quién fue Moisés: era un israelita educado en la corte del Faraón de Egipto, se ve obligado a escapar de la justicia porque había matado a un egipcio en defensa de un israelita. Se escapa al país de Madián. Se casa con Séfora, hija de Jetró.
En la zarza ardiendo
Lo central del texto es que Moisés tiene una revelación. Dios le da a conocer su nombre: Yahvé, yo soy el que soy. No es fácil de entender. Dios se muestra como un liberador y como completamente Otro. El Dios que descubre Moisés es el mismo Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Es un Dios personal que sale al encuentro del hombre.
Dios se manifiesta a Moisés en la zarza ardiendo. Todo un misterio. Es un regalo para aquel hombre de parte de Dios que se descubre en su curiosidad de querer saber por qué la zarza no se consume. Moisés hablando con Dios se descubre humano, se ve indigno, tanto que cubre su rostro para no ver a Dios cara a cara. Es la experiencia de no pocos creyentes que conociendo a Dios un poco, acaban por conocer mucho más ellos mismos.
Vocación y misión
De lo anterior deducimos dos cosas: Dios se revela cercano al hombre y que es un Dios vivo y protector de su pueblo. El hombre delante de la presencia de Dios se descubre trascendente y acaba por comprender su vocación y misión en el plan de Dios.
Podemos decir que este relato es también el lugar en donde se narra la vocación de Moisés y la misión a la que es llamado. Así la vocación y misión, forman una única realidad. Moisés había conocido a otros dioses, pero ahora con el encuentro del Dios de sus padres, descubre al Dios de la justicia y de la libertad, con entrañas de misericordia por el pobre y oprimido.
Reflexión personal
Moisés a pesar de haber crecido en la corte del Faraón, se siente indignado del maltrato que recibe su pueblo de origen. La injusticia es un mal que impera en el mundo. ¿Cuáles son los sentimientos que se mueven en mi interior, cuando soy testigo de un crimen, de una injusticia, de una vejación provocada a un hermano o una hermana?
Existen en nuestra vida, situaciones sorprendentes como la zarza ardiente, en las que Dios quiere revelársenos. ¿Busco dialogar con Dios en el corazón de esas situaciones? ¿Mi diálogo con Dios me ha llevado a comprometerme por los derechos de los marginados y desprotegidos de este mundo?



