Hay una canción que dice: cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño. Aun cuando el cambio es algo normal en nuestra vida, sin embargo, no siempre estamos dispuestos a cambiar, sobre todo si implica salir de nuestra zona de confort y nos exige esfuerzo.
Estamos por comenzar nuevamente la cuaresma, y palabra cambio resonará como un eco en el vocabulario propio de este tiempo como es, conversión, arrepentimiento, reconciliación, volver al Señor… De nosotros dependerá si aprovechamos este tiempo de gracia que el Señor nos ofrece o lo echaremos en saco roto, como dice san Pablo. ¿Qué vamos hacer?
Creo que lo primero que podríamos hacer, es darnos un tiempo para reflexionar sobre los diferentes aspectos de nuestra vida, como hacen los Xaverianos durante los ejercicios espirituales ya que aparte de descansar físicamente, les permite fortalecer su vida espiritual. Quizás también nos pueda ayudar la experiencia de Moisés, que aun cuando el Señor se le revela como, Yo soy el que soy, sin embargo, lo conoce como un Dios que libera a su pueblo y escucha el clamor del que sufre. Ojalá que, teniendo una experiencia semejante, le dijéramos a Jesús lo mismo que santo Domingo Savio pidió a don Bosco, yo soy la tela y usted es el sastre, haga de mí un buen traje para el Señor.
Una segunda cosa sobre la que podríamos reflexionar es la forma de relacionarnos con los demás, comenzando con los de nuestra propia casa, si estamos casados, ver como tratamos a nuestra pareja, si imponemos nuestra voluntad o más bien buscamos nuestro bien, tratando de agradar a la persona amada.
Pero sobre todo deberíamos ver cómo tenemos nuestro corazón, pues podría ser que necesitemos hacer algún cambio comenzando por romper del corazón, el muro de la violencia, la imposición, la mentira, la injusticia, y todo aquello que lastima al ser humano. Para cambiarlo por un corazón que siente con el otro, que no permanece indiferente ante la desgracia humana, como la vivida por Aylan, el niño sirio que cuyo viaje en busca de un mejor sitio para vivir, terminó en una playa de Europa. Un corazón que es generoso incluso superando la barrera de la discriminación como sucedió en Sierra Leona durante la epidemia del ébola que no miraban si eras musulmán o cristiano, todos se ayudaban en lo que se podía.
Pero para mejor aprovechar el tiempo es necesario seguir el ejemplo de san Guido que a partir de sus propósitos que se hacía, lograba detectar los puntos débiles de su personalidad que le permitieron gastar su vida por algo que valía la pena, no dejándose atarugar por los falsos valores y los efímeros placeres que le ofrecía la sociedad como diría monseñor Natalio. Unos propósitos que nos ayuden a contribuir con nuestro granito de arena para que, desprendiéndonos de algo de nosotros, se pueda volver a poner en funcionamiento el laboratorio que se quemó o para ayudar a los cristianos de la diócesis de Makeni, para que puedan acercarse a Dios a través del canto y la oración.
Tomemos en serio este tiempo de cuaresma, ya que, si todo cambia, que cambiemos nostros no es extraño



