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Juan Juárez

Diálogo entre esposo y esposa en la Biblia

En la Biblia encontramos muchas parejas, ¿será porque el amor conyugal es uno de los tipos de amor que se nos presenta como ejemplo para que entendamos la relación que existe entre Dios y su pueblo? Es muy probable, ya que en la vida de la pareja humana el amor es fundamental, aunque no se puede negar que siempre hay momentos difíciles en los que se llega incluso a la infidelidad, y se nos enseña que Dios permanece siempre fiel en su amor y elección, enseñanza que podemos ver claramente en algunos profetas como Oseas y Jeremías.

El gran principio que debe regir todo diálogo entre esposo y esposa lo encontramos en las primeras palabras pronunciadas por el Adán (con artículo porque aquí “adam” es el ser humano) ante la compañera que el Señor Dios le presenta en Génesis 2,23: Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Es una frase usada en el ambiente israelita y que significa la igualdad.

En el diálogo entre cónyuges el principio de la igualdad es fundamental, pero el versículo siguiente nos hace saber que el ideal de la vida matrimonial no es la igualdad solamente, sino más bien la unidad, la cual viene subrayada por Jesús en los evangelios de Marcos (10,9) y Mateo (19,6) con esta frase: Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.

Hay algunos que ponen la objeción sobre la igualdad entre los esposos haciendo referencia a otro texto bíblico (Ef 5,22-24), en dicho pasaje se dice que la mujer se someta – u obedezca – a su esposo como al Señor y que el esposo es cabeza de la mujer como Cristo lo es de la Iglesia. Si nos fijamos bien, no contradice las palabras del libro del Génesis, sino que afirma la unidad entre el hombre y la mujer, ¿o acaso la cabeza no es parte del cuerpo? Ciertamente la cabeza y el cuerpo forman un todo y no pueden subsistir separadamente. Y hacia el final de ese capítulo san Pablo transcribe las palabras de Génesis 2,23-24.

Además de eso, nos olvidamos, o más bien los que no quieren hablar de igualdad y unidad se olvidan de que san Pablo, al hacer esa comparación, expresa claramente que Cristo es cabeza de la Iglesia porque la amó y dio su vida por ella. Con esto exhorta a los maridos a que amen a sus esposas entregando su vida por ellas, como lo hizo Cristo por la Iglesia. En otras palabras, es cabeza de la familia quien la ama y ofrece su vida por ella y quien ama verdaderamente, hasta dar su vida, no busca imponer su voluntad, sino que más bien quiere agradar a la persona amada.

Así como la relación entre el ser humano y Dios debe ser “dia-lógos”, por o a través del “Lógos”, del “Hijo”, así también la relación entre esposo y esposa necesita ser “dia-lógos”, relación de amor y entrega total.