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P. Juan Olvera s.x.

Buena inserción y educación espiritual

Conforti se inserta muy bien en el ambiente educativo intransigente del seminario. Prueba de ello es que en quinto de secundaria es el único en obtener calificaciones optimas en el examen oral y escrito. En segundo de teología obtiene aprobación distinguida del cuerpo docente. Sus compañeros recuerdan su espíritu de piedad y su empeño en el estudio. Generalmente, en su método de estudio seguía un planteamiento clásico intransigente: lectura histórica – apologética. Es ejemplar en su conducta y en su trato con todos, al punto de ser considerado alumno modelo. En ese sentido, se podría hablar de un buen manejo de sus emociones. Busca la amistad en sentido amplio y sereno.

En su educación espiritual influyeron de manera importante:

a) Textos clásicos: La práctica del amor a Jesucristo y Las glorias de María de san Alfonso María de Ligorio, De la excelencia de la devoción al corazón adorable de Jesús del jesuita Joseph De Gallifet, La Imitación de Cristo de Tomás de Kempis y por supuesto, La vida de san Francisco Javier del jesuita Giuseppe Massai. Estas obras ofrecen una línea espiritual sólida, tradicional, fuertemente cristocéntrica, atenta al aspecto de los sentimientos y no solo a la ascesis, con un tinte fuertemente misionero gracias a san Francisco Xavier pero también a san Alfonso María de Ligorio.

b) Predicaciones: la fisonomía interior de un joven se forja no solo a través de las lecturas, sino también, y sobre todo en ciertos aspectos, mediante la predicas escuchadas a lo largo de su proceso formativo.

c) Acompañamiento espiritual: En la figura del padre Andrea Ferrari, que fuera rector del seminario, se podrían encontrar la fuente de muchos de los rasgos impresos en el perfil espiritual del joven seminarista Conforti.

d) Ejercicios espirituales: En este contexto se deben colocar los llamados propósitos juveniles, en los cuales ya expresan el lenguaje que más tarde utilizará monseñor Conforti.  haré, evitaré. Normalmente organizaba sus propósitos en listas con letra pequeña muchas veces guardados en el breviario. Estos propósitos los revisaba a lo largo del año en el retiro mensual o la revisión semanal. A partir de sus propósitos podemos desarrollar un perfil interior que más tarde desarrollará en su historia personal: La regularidad en su vida de oración, la detección de los puntos débiles de su propia estructura, pero enfrentados con el agere contra (actuar en contra), una especial atención a lo afectivo.

Para lograr esto, utilizaba los medios tradicionales: el sacramento de la reconciliación, la comunión espiritual de influencia alfonsiana conectada con la comunión frecuente de la eucaristía, los primeros viernes dedicados al Sagrado Corazón de Jesús, la lectura espiritual mariana frecuente y sistemática, compromiso de hablar de María con algún compañero, la preferencia de la obediencia en lugar de las mortificaciones corporales, actitud de mansedumbre buscada en el trato con el prójimo que le ayude a luchar en contra de un temperamento irritable… En estos propósitos se puede encontrar los indicios de una vocación profundamente orientada para la salvación de los infieles. Un detalle que llama la atención es que en estos propósitos no aparece ninguna referencia a su enfermedad, ni siquiera como ofrecimiento a Dios.