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El pasado 8 de noviembre del 2016 se celebraron las elecciones presidenciales número 58 de Estados Unidos, lo cual representa todo un acontecimiento desde el punto de vista socio-político y económico, ya que modifica toda una forma de relaciones internacionales entre los países y del mismo modo una forma diferente de relacionarnos con nuestro vecino del norte. Estas elecciones han sido para nuestro país México cruciales, pues muchos de nuestros paisanos que residen en el otro lado, tienen miedo de lo que les pueda ocurrir en su trabajo, en su estilo de vida y principalmente a sus familias, que en muchos casos dependen de las remesas y divisas del norte para vivir diariamente.

El papa Francisco durante las campañas previas a las elecciones hizo un comentario, que es iluminador no solo por el contexto en que nos encontramos como pueblo, sino como hijos de Dios: Una persona que piensa solo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiana. Esto no está en el Evangelio. A partir de este comentario, la realidad de los países que tienen que enfrentar la vida con los pocos recursos que le quedan, debe establecerse en la dimensión de creer que se puede cambiar el mundo, que es una posibilidad muy real, a pesar de los retos que planteen.

En algunas ocasiones se busca culpabilizar al otro del propio mal, aun cuando en algunas circunstancias sucede así, sin embargo, en la vida cristiana se debe buscar el bien propio sin sacrificar el del otro. El propio bien debe incluir y buscar el bien del prójimo, en este aspecto es bueno reflexionar sobre las veces en que como hijos de Dios les hemos levantado el muro a otras personas, ya que, que los muros más difíciles de combatir no son aquellos que separan las fronteras de los países, sino los que están en el corazón de las personas que no quieren crear puentes que los lleve a relacionarse con los demás. 

Quizás sea el momento de replantearnos la manera cómo tratamos a los demás, qué tan profunda o superficial es nuestra manera de relacionarnos con las personas que más frecuentamos, a las que decimos querer más, y nuestro diálogo personal con Dios, ya que hoy en día algunos lo llegan a amurallar a través de la indiferencia o el rechazo.

Por tanto, crear lazos y puentes es la oportunidad que la vida nos da para ser más unidos, en la familia, con los amigos, en el vecindario, en la colonia, en el municipio, como Iglesia Católica. Pero no olvidemos que para que realmente haya unidad, se comenzar por romper del corazón, el muro de la violencia, la imposición, la mentira, la injusticia, y todo aquello que lastima al ser humano y le duele a Dios. Tienes un gran poder en tus manos, cambiar el mundo por medio de la acción que Dios hace en ti. Escucha tu Corazón.