La Biblia nos trae algunos diálogos entre Dios y ciertos personajes, según el sentido que se le da comúnmente a la palabra diálogo, es decir, conversación entre dos o más personas. Sin seguir lo que los expertos dicen sobre los géneros literarios, algunos de los diálogos son muy hermosos como el de Abraham con Dios, cuando el primero intercede para que Dios no destruya Sodoma y Gomorra, si ahí se encuentran algunos justos (Gn 18,16ss), o la relación entre Dios y Moisés, presentada así: Yahveh hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo (Ex 33,11).
En ese sentido, el primer diálogo que encontramos en la Biblia es de juicio y condenación por el primer pecado (Gn 3), y el segundo es consecuencia del primer homicidio-fratricidio (Gn 4), lo cual nos indica que no todo diálogo es bello.
Pero no queremos quedarnos solo con esta manera de entender nuestro término, ya que etimológicamente el sentido es diferente, pues viene de dos palabras griegas: la primera, dia, (que significa por, a través de) y logos (que puede ser traducido de muchas maneras: palabra, discurso, narración, enseñanza, lo que se expresa en palabras; pero también puede ser razón, facultad mental de pensar).
En el libro de los Hechos (15,27), dentro de la carta que se manda a Antioquía después de la reunión en Jerusalén, encontramos que los enviados por los apóstoles, Judas y Silas, “les expondrán dia logou (léase “logu”) esto mismo”; en varias ediciones “dia logou” es traducido como de viva voz, lo cual significa que no solamente es diálogo en el sentido que muchas veces le damos a este término, sino también es la transmisión de un mensaje.
Entendido de esta manera, toda la Biblia es un diálogo, porque nos transmite un mensaje: Dios habla al pueblo y el pueblo habla de Dios y habla a Dios.
Lo que necesitamos hacer nosotros, para entrar en diálogo con Dios, es captar las diferentes maneras en las que Dios se expresa y que lo encontramos, de una manera genérica, en el inicio de la carta a los Hebreos: Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado; en el segundo versículo del mismo escrito nos revela la manera privilegiada de Dios para hablar: En estos últimos tiempos nos ha hablado en Hijo (en griego es en uió). Nosotros hablamos en español o en otro idioma, pero Dios habla especialmente en el idioma Hijo, lo cual quiere decir que si conocemos al Hijo – su ser, su manera de pensar, de reaccionar – podemos dialogar bien con Dios, entenderlo.
Así tenemos que la mejor manera que Dios utiliza para dirigirse a nosotros es su Hijo, por lo cual el evangelio de san Juan, también al inicio, lo llama logos, que es traducido por Palabra o Verbo.
Podemos concluir que el diálogo verdadero (dia lógos) con Dios es aquél que hacemos por (dia) el Hijo (“logos”) y se realiza haciéndonos nosotros mismos hijos de Dios.



