Orar
El hombre de fe ora constantemente, sin interrupción, en todos los tiempos, lugares, situaciones de su vida personal y social (cfr. 1Tes 5, 17), es evidente que la modalidad, el estilo, el motivo cambia, por eso tenemos oraciones de alabanza, acción de gracias, penitenciales, imprecatorias, de intercesión, etc.
En la obra de misericordia que nos ocupamos se trata de la oración de intercesión. Una persona hace muy poco tiempo me planteaba la siguiente pregunta: ¿Rogar por otros tiene sentido? Y si el beneficiario no cree, ni quiere acercarse a Dios ¿le sirve de algo? ¿Podemos orar por los difuntos? ¿Les sirven nuestras oraciones? ¿Cuál es la doctrina católica y la evangélica al respecto? No solo de algo sino de mucho, Jesús mismo nos manda: Pidan y recibirán (Mt 7, 7).
Orar es una obra de misericordia.
Orar crea comunión con Dios y con el prójimo.
Oración eficaz
La oración es siempre eficaz, incluso afirmando que no sabemos orar, ni pedir como se debe, Dios siempre nos escucha y nos responde (cfr. Mt 18, 19). La oración es eficaz cuando es personal o comunitaria, los testimonios que encontramos en la Sagrada Escritura son abundantes. ¿Recuerdan algún ejemplo?
Nada consigue tanto ni lo consigue mejor que la oración.
Oración de intercesión
Hay que decir que esta manera de orar no es muy apreciada y sin embargo es practicada, incluso con exageraciones que hay que evangelizar. Una de las características de la oración cristiana es pensar siempre en los demás. Quien ora no busca su propio interés (cfr. Fil 2, 4).
La experiencia de Jesús es amplia, Él ora por el pueblo, por sus cuates, por los que creerán en Él. Esta oración es el grito que sale del corazón y expresa la misericordia de Cristo, del cristiano, de la Iglesia, de la comunidad.
Quien intercede por otro, ruega por sí mismo.
Acompañar a un amigo vale mucho más que darle un regalo.
Seque las lágrimas que aún quedan en sus ojos; encontrará la calma.
Orar por los vivos
La Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia, todos los santos son una cadena ininterrumpida de oración suplicante por los demás. Cuando se ora por alguien vivo, se le sitúa bajo la mirada amorosa y providente de Dios y su bendición, para que lo sostenga en el camino de la vida (cfr. Ef 1, 3-14). ¿Dios nos concede todo lo que le pedimos? ¿Sí, no, hay alguna condición? Dios nos concede también y sobre todo lo que no le pedimos.
La fe de la Iglesia es intercambio de oración unos por otros.
Orar es una manera concreta de vivir nuestra vocación sacerdotal.
Orar por los difuntos
Es conveniente en este momento subrayar los valores de este tipo de oración. Un primer valor es la comunión: la oración de intercesión es la oración eclesial, familiar que tiene presente la Iglesia como comunión de los santos.
Un segundo valor, que es de hecho el primero, es la confianza firme en la resurrección de los muertos, esa esperanza que profesamos en el Credo. La vida va más allá de la muerte. Todos los que creen de verdad afirman desde su experiencia que el amor es más fuerte que la muerte (Rm 8, 28-29).
Una lágrima se evapora, una flor se marchita, solo la oración llega al trono de Dios.
San Agustín



