Todos alguna vez hemos sido ofendidos en nuestra vida. Unas veces hemos sido víctimas, otras veces hemos causado daño a los demás. Pero, ¿cómo reaccionar ante las ofensas recibidas?
San Pablo en sus cartas nos dice que debemos ser amables y llenos de afecto por los demás, perdonándonos unos a otros como Dios nos perdonó en Cristo (Ef 432), tolerándonos unos a otros, y si uno tiene motivo de queja contra otro, como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo (Col 3, 13). ¿Por qué nos debemos perdonar? Porque Dios nos ha perdonado a nosotros primero.
Sería fácil perdonar, cuando aquellos que nos han ofendido, se muestran arrepentidos por el mal cometido. Pero la Biblia nos dice que debemos perdonar a los que nos ofenden incondicionalmente. Y negarse a perdonar sería una demostración de resentimiento, de amargura y de enojo que son sentimientos incompatibles con el ser cristiano.
En la oración del Señor, pedimos a Dios que nos perdone nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt 6, 12), porque si perdonan a los demás el mal que les hicieron a ustedes, su Padre que está en los cielos les perdonará también. Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre los perdonará a ustedes (Mt 6, 14-15). Los que se niegan a perdonar a los demás, no experimentarán realmente el perdón de Dios.
Cuando ofendemos a alguien, no solo pecamos contra él, sino también contra Dios. Si tuviéramos en cuenta la inmensidad de la misericordia de Dios que perdona todas nuestras culpas, entonces caeríamos en la cuenta que no tenemos el derecho de rechazar esta gracia a los demás. Dios nos perdona tanto, ¿cómo podemos negarnos a perdonar a los demás por tan poco? La parábola de Jesús que nos habla de aquel hombre que fue perdonado de una gran deuda y que después no quiso perdonar a su compañero (cfr. Mt 18, 23-35) es un ejemplo claro de esta verdad. Pero si confesamos nuestros pecados, Él, que es fiel y justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad, como nos dice san Juan en su carta (1Jn 1, 9). ¿No debemos tratar igualmente a los demás como Dios nos trata a nosotros?
En la fe cristiana, el perdón de las ofensas es una de las obras más difíciles de poner en práctica. Siguiendo a Cristo crucificado, nosotros los cristianos estamos llamados a perdonar a los que nos ofenden.



