Skip to main content
P. Juan Olvera

Quedarse en las manos de Dios

El padre Salvador Mellai nació en Paulilátino, Oristano, en la Isla de Cerdeña, el 6 de febrero de 1955, hijo de Rafael Mellai y Teodora Atzori la cual muere al momento de dar a luz sin conocer a su hijo. El niño fue confiado a una mujer llamada Pietrina con quien vivió hasta los ocho años. A los nueve años vuelve para vivir con su papá, su hermana María y sus hermanos Ángel y Juan. Su padre vuelve a casarse con una buena mujer llamada María. En ese sentido tuvo tres mamás: la que lo dio a luz, la que lo alimentó y la que lo educó. 

Desde muy pequeño quería ser sacerdote. Pero, cuando iba a ingresar al seminario se fracturó un pie. Así que su vida, aunque solo por un tiempo, tomó otro rumbo. Terminada la primaria frecuentó la escuela de contabilidad consiguiendo el título correspondiente. No obstante, siempre ayudó a su padre y hermanos en el trabajo de la construcción.

Se insertó en la vida juvenil de su pueblo, formó parte del grupo juvenil y del coro parroquial. La muerte en un accidente del diácono xaveriano Serafín Ángel Muscas, paisano suyo, fue el detonante para retomar y definir su vocación misionera. Durante la homilía del funeral del diácono el párroco preguntaba: ¿quién llenará este vacío? A unos pocos días, Chavita se presentó al sacerdote para informarle que ingresaba al Centro Juvenil Misionero Xaveriano de Cagliari.

El 4 de marzo de 1983 hizo su profesión perpetua y el 25 de septiembre del mismo año fue ordenado sacerdote, quedándose en Parma para terminar el cuarto año de teología.

 Llegó a Guadalajara el 4 de agosto de 1984. Habiendo aprendido el idioma, es destinado al seminario menor de San Juan del Río como promotor vocacional. Al igual que siempre reveló ser íntegro, directo y bondadoso, nunca guardaba rencor y su sonrisa arreglaba todo. Además de la promoción vocacional encontraba tiempo para el acompañamiento espiritual de las religiosas y el apoyo pastoral a las comunidades rurales del lugar.

Posteriormente es destinado a Guadalajara para continuar su labor en la promoción vocacional. Dada su agradable personalidad pronto obtuvo buenos resultados entre los jóvenes tapatíos y los seminaristas.

En 1992 es enviado como formador a Torreón donde todavía hoy recuerdan con alegría sus enseñanzas y sus bromas. En 1993 pasó a la comunidad de Salamanca como confesor y ecónomo. Frecuentemente, solía decir: ando perdido, pero siempre con el corazón lleno de bondad. Entre la gente era sencillo, aceptado y amado. Llegó a prestar el servicio de vicemaestro: sabía escuchar y corregir con franqueza. Fue una persona incapaz de cálculos interesados, de pensar en sí mismo; y lo prueba el hecho de haber llegado al final de su vida sin darse cuenta de que estaba muriendo. Sin saberlo, había alcanzado un alto grado de olvido de sí, de caridad.

El 6 de febrero de 1998 celebraba su cumpleaños en la comunidad. Al momento de cortar el pastel no quiso probarlo diciendo que le ardía el estómago. Al día siguiente consultó al médico quien le prescribió unos estudios. Le habían detectado un linfoma gástrico y una fuerte leucemia. Muere el 16 de febrero en Guadalajara.

No pienses como los hombres, sino piensa como Dios. No eres tú que conviertes o haces la misión, sino solo Dios; tú eres solo un instrumento, Él es el Salvador. ¿Por qué temes a la muerte? No hay cosa tan bonita como quedar en las manos de Dios, cerrar los ojos y encontrarse con Él en el paraíso.