El misionero es enviado a compartir su fe… Pero ¿qué es lo que tiene que decir? ¿Qué es lo que tiene que hacer? ¿Qué es lo que tiene que compartir?
Cuando el misionero es enviado a compartir la experiencia de Cristo resucitado a otros países, a otras culturas… no es que tiene que inventar o contar historias y ni mucho menos mentiras, sino que tiene que compartir lo que él ha vivido desde niño, lo que ha aprendido viviendo en familia: las oraciones con los papás, la consagración a la Santísima Virgen María, a nuestro ángel de la guarda, la devoción y el respeto por los santos, el rezo del santo rosario, las peregrinaciones a lugares santos, los viernes primeros al Sagrado Corazón de Jesús, todo lo que nos ha ayudado a confiar en un Dios que es cercano a nosotros.
Posteriormente, lo que como Xaverianos hemos aprendido en nuestra congregación, partiendo de nuestro ideal, que todos conozcan y amen a nuestro Señor Jesucristo, viviendo en una comunidad donde creemos que Jesús nos llama a permanecer en Él compartiendo nuestra vida y consagración a Dios.
Aprendemos mucho a través de la experiencia de tanta gente que encontramos en el apostolado, desde coordinadores, catequistas, jóvenes, ministros, liturgia, familias, que junto con ellos aprendemos a dedicar nuestro tiempo al Señor, porque es fácil decir que no tenemos tiempo para Dios y ver como hay gente dedicada a Él sin esperar una recompensa humana. Después vienen los estudios que realizamos que nos ayudan a orientar primero nuestra vida y posteriormente acompañar a los demás…
Es muy lindo sentirse enviado por Jesús a compartir la experiencia que tenemos de Dios, pero sin sentirnos más importantes que los demás, sino haciendo camino juntos compartiendo nuestros valores y nuestro encuentro con Dios…
Atrévete a compartir tu fe con otros que han recorrido un camino diferente… donde los papás no enseñan a sus hijos a rezar porque no saben, donde los niños no van al catecismo porque no hay catequistas, la gente no va a misa porque no hay sacerdote… No nos acostumbremos a lo que tenemos, sino valoremos y compartamos con los demás el tesoro que tenemos en nuestras manos, recordando que es Jesús el que nos envía: Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. El deseo de Jesús es que todos seamos sus discípulos, lo cual significa, que todos lo conozcamos, lo amemos, lo sigamos y nos comprometamos. Jesús nos envía porque confía en nosotros…



