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P. Jesús Romero

Visitar al encarcelado

Una obra de misericordia especial

Hay que afirmar como principio que no es solamente otra obra de misericordia, es una obra que tiene implicaciones muy particulares y en algunos casos, existen exigencias fuertes que hay que tener en cuenta antes de tomar la decisión de visitar a los encarcelados.

Dicen que la soledad es necesaria
para alcanzar la santidad.
Se han olvidado de que en la soledad
la tentación es más grande.
Carlos Fuentes

No hay mayor pobreza que la soledad.
Teresa de Calcuta

Un decálogo

Antes de visitar a los presos es necesario tener en cuenta algunas normas prácticas.

  1. Conocer las normas prácticas de la cárcel a dónde has decidido visitar a los presidiarios. Existen reglamentos diferentes. Poner el cuidado necesario en cada caso.
  2. No se pueden saltar los requisitos previos, fechas, horarios. Si hay un solo día de visita y bajo ciertos horarios, no se puede ir cuando uno quiera o tenga tiempo.
  3. Prepararse psicológicamente antes de ir, cargar las baterías para poder ofrecer algo que valga la pena, el estar con el preso y que sea provechoso, no es algo insignificante sino todo lo contrario.
  4. Si hay que conseguir un permiso antes o durante el momento de llevar a cabo la visita hay que contar con eso. En todos los lugares hay reglas y aquí es indispensable estar en orden.
  5. Las visitas son diferenciadas y hay que tener en cuenta a quién vas a visitar y si todo está como conviene.
  6. Hacer la visita con el respeto que se merece la persona, no hay que darlo por descontado. Más bien hay que reforzar, profundizar, sensibilizar la compasión, la misericordia con la que hay que vivir el encuentro.
  7. El tratar al otro con ojos de misericordia no es automático, tal vez hay que despertar en nuestro corazón lo mejor de nosotros mismos para tratar al hermano o hermana como se debe.
  8. La experiencia que tengas en un caso muchas veces no vale para otro, cada persona es diferente, la situación, el motivo, el presente y el futuro tienen una explicación que hay que conocer.
  9. Si el visitar al enfermo es pisar terreno sagrado, lo es también y con mayor razón la cárcel, además es un terreno desconocido, que hay que tratar con el máximo respeto, así como a quienes se encuentran en este lugar.
  10. Encontrarse con alguien en la prisión es una gracia, aprovéchala, lo que recibes de parte del hermano o hermana que se encuentran en esta situación nadie te lo puede regalar. 

Lo que a los pobres des, a Dios lo prestas con buen interés.
La compasión impotente es la fuerza que muchos desconocen.

¿Quién es el preso?

Para empezar, forman parte de la humanidad necesitada: son el último eslabón de una cadena de opresión, signo y consecuencia de un pecado social más extenso. Muchos de los presos no han sido condenados todavía; casi todos son personas de poca cultura, se sienten manipulados, como objetos sin dignidad.

Todos los presos son hombres y mujeres que sienten hambre y sed de justicia, es cierto que junto a estas hambres hay otras muchas más: la sed de cariño, ternura, compasión, misericordia, la sed de la cercanía y la amistad, la sed de la libertad, de comunión, del respeto de su dignidad, de esperanza en el futuro, del respeto de sus derechos… intentar responder a alguna o algunas parece poco, pero en realidad es mucho.

La compañía de quienes no se quieren es peor que la soledad.
José Gaos

Un presidiario sin Dios es imposible, más imposible todavía que un hombre en libertad sin Dios.