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¿De qué cosas tenemos necesidad? Nuestras verdaderas necesidades: Ciertamente tenemos necesidad de la salud, pero también de compañía, de atención, de serenidad y de armonía a nuestro alrededor. Tenemos sed de paz, en medio de tantos conflictos, más o menos declarados, de violencia familiar y social. Tenemos necesidad de justicia, de trabajo, de solidaridad y de compasión. Y no solo para nosotros, sino también para aquellos hermanos y hermanas nuestros que, huyendo de sus tierras y arriesgando su vida, buscan lo que en su casa no pueden tener o no pueden alcanzar.

¡Podemos hacer algo! En su encíclica Laudato sii, el papa Francisco nos invita a tomar en consideración la degradación ambiental, humana y social, agravada por el problema no resuelto de los prófugos que está en estrecha relación con el primero.

¿Debemos hacer algo?Ya sabemos que no serán las charlas de los políticos las que nos convenzan o nos engañen, para enfrentar de manera eficaz, estas graves situaciones. Hemos heredado injusticias, pobreza, destrucción ambiental, humana y social, que amenazan nuestro futuro. El recuerdo de estos hechos nos empuja a hacer crecer una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo en nuestro planeta. Y tomar dolorosa conciencia, para atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar (n. 19). Y no solo eso, sino que debería crecer, en nuestro corazón, aquel sentimiento de participación y de solidaridad, que nuestros padres tenían bien claro y que, por el contrario, hoy parece no estar presente en nosotros.

Menos exigencias, más felicidad. El papa Francisco nos recuerda que solo la memoria de Dios y su misericordia pueden motivar nuestra acción para salvar a este mundo y preocuparnos de nuestro prójimo necesitado. Nos invita a examinar nuestro estilo de vida y a preguntarnos si no es más humano vivir con sobriedad, justicia y compasión, tomando como meta el bien común y la condición de los pobres. Nos sugiere adoptar el gesto del buen samaritano que, pasando cerca del herido tirado en la calle, lo ve, se para, baja del caballo, se le acerca, lo cura con aceite y vino, le busca alojamiento…

Y recuerda que los pobres no solo deben ser ayudados, sino deben hacernos reflexionar, porque su modo de pensar es el justo para juzgar nuestro nivel de vida. Nadie nos pide de hacernos pobres, sino que pensemos si no estamos exagerando en las exigencias que el consumismo nos propone. ¿No podríamos vivir con menos y ser igualmente felices? Recordemos lo que Jesús nos sugiere: la calidad de la vida no depende de cuánto poseemos (Lc 12, 15).

Misión de misericordia: La misericordia debería ser la ley del mundo global que se ha unificado en muchos aspectos exteriores, pero aún busca un corazón como su centro. Solo Dios y su Cristo pueden hacer este milagro, mejor, ya lo hicieron dejándonos hoy, la tarea de hacer del mundo una sola familia como decía San Guido, para hacer de nuestro alrededor un pequeño centro de comunión que pueda realizar la búsqueda de la unidad del mundo en la solidaridad.

 Gabriel Ferrari - SIRA