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Jacques Nkem

Presos, ¿solo los que están en las cárceles

La imagen del preso

Como lo hemos dicho en los artículos anteriores, las obras de misericordia resuelven las necesidades existenciales básicas. Resulta sorprendente que el preso, esté en la misma lista que los enfermos o los sedientos (cfr. Mt 25, 35-36).

En efecto, los pobres, los desnudos, los hambrientos, son aquellos que han sido víctimas de un sistema que puede ser demasiado egoísta, y que corresponden bastante bien a la situación social que vivían tanto las viudas, los huérfanos, y forasteros como lo relata el Antiguo Testamento. Mientras que el caso del preso es diferente. El encarcelado se presupone que es una persona que ha cometido un delito, aunque no siempre, sin conocer las razones que lo llevaron a delinquir son acciones condenables por la ley social y los mandamientos de Jesucristo. Sin embargo, hemos creado una imagen limitada del preso, reduciéndola a aquel que está en la cárcel. Sería entonces necesario que pensáramos si realmente los prisioneros son solamente aquellos que están encarcelados.

Los diferentes tipos de presos y de cárceles

Analizando nuestro alrededor, podemos darnos cuenta que los presos no solamente son aquellos que están en una cárcel por haber cometido delitos penados por la ley, sino que hay otras ataduras que atormentan nuestra vida humana y cristiana, que nos hacen encerrarnos en nosotros mismos y nos privan de nuestra libertad. Por ejemplo:

- Los prisioneros de su pasado, su historia, y que no son capaces de perdonarse a sí mismos por acciones cometidas en el pasado.

- Los prisioneros de la desesperanza, de la desesperación, de la depresión.

- Los prisioneros que se deleitan de sus hábitos, de sus pecados.

- Los prisioneros de su orgullo, su vanidad.

- Los prisioneros cautivos de su pobreza, su debilidad, o aquellos que son cautivos de sus bienes y seguridades.

Todas estas personas, independientemente de la prisión que les atormenta, pueden permanecer irremediablemente bloqueadas porque no hay alguien que las visite para abrirles una puerta, una ventana hacia un nuevo horizonte.

Nuestro deber entonces como cristianos será entonces no solo visitar a los presos que están en las cárceles, sino también visitar a los que viven cautivos de su cárcel interior para ayudarlos a vivir libremente, disfrutando del perdón y de la misericordia de Dios, que les devuelva la paz y puedan cicatrizar las heridas de su alma.

Jesús espera de nosotros un gesto amable, una visita a los necesitados, especialmente al encarcelado. Recordando que se ha querido identificar con el pobre, el hambriento, el preso… lo que hicieron a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí me lo hicieron (Mt 25, 40).