En algunas ocasiones, podemos encontrarnos que cumplen con sus deberes religiosos, aunque hay algunos que son rígidos y perfeccionistas; el reto para estos últimos está en aprender a ser más humanos y a saber amar de verdad. Quien se siente amado y perdonado, ama a los otros incondicionalmente. Medita el texto de Lucas 7, 36-50.
Una mujer de mala fama se acerca a Jesús que estaba comiendo en casa de un fariseo. El Nazareno acorta la distancia que existía entre el legalismo y la apertura a la novedad del Reino. Jesús quiere hacer saber que ni el cumplimiento de la ley, ni el sentirse bueno, conmueven a Dios; solo el amor y reconocerse pecador atrae la misericordia y el perdón de Dios.
Lo ungió con perfume
Este relato lo podemos encontrar en los cuatro evangelios. Lucas, quiere resaltar la aceptación incondicional de Jesús con el pecador, ofreciéndole el perdón gratuito sin juicios ni condenas. Para san Lucas, la mujer parece ser pecadora pública arrepentida. Mientras que el fariseo se escandaliza, Jesús en cambio, perdona misericordiosamente.
La pecadora irrumpe donde se encuentra Jesús y le expresa su derroche de amor agradeciendo su aceptación con un gesto con un frasco de perfume de mirra, llorando se puso a bañarle los pies con sus lágrimas, se los enjugó con sus cabellos, los cubrió de besos y los ungió con perfume. Muy parecido a lo que hizo el buen samaritano con el hombre herido.
Le da el perdón
El fariseo, es el símbolo del hombre religioso y observante de la ley, este hombre no es capaz de ver el amor que expresa la mujer, por el contrario, está horrorizado, su mirada está condicionada por el prejuicio y la norma, solo ve a una pecadora impura que se atreve a entrar en su casa y acercarse a Jesús.
Jesús es capaz de ver más allá, se deja tocar por la mujer pecadora y le da el perdón: Tus pecados quedan perdonados. Reconoce la fe de la mujer y le ofrece nuevas posibilidades de vida, la hace libre: tu fe te ha salvado, vete en paz. Por otro lado, Jesús observa con gran tristeza la falta de amor del fariseo que se escandaliza por lo que ha visto.
Reflexión personal
Jesús se sienta en la mesa de un fariseo y sorpresivamente aparece la mujer pecadora, motivo por el cual se escandaliza el anfitrión. ¿Alguna vez me he encontrado en casa de algún amigo o familiar, donde quizá me vea envuelto en una situación parecida? ¿Qué surge en mi interior, cómo reacciono?
Los excluidos, los impuros, los publicanos, las prostitutas, etc., son perdonados y amados por el Dios de Jesús que los acoge, les devuelve su dignidad y les muestra su misericordia que salva. En mi encuentro con los que se consideran pecadores, ¿qué actitud tomo? ¿De juicio y condenación o más bien, de aceptación, ayudándoles a reconocer en su vida la misericordia de Dios?



