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P. Carlos Mongardi

Las contradicciones de la misericordia

Parece inadecuado hablar de contradicciones en la misericordia de Dios, pero buscaremos pasajes bíblicos que puedan explicar esta atrevida formulación. A partir del anuncio de la misericordia como amor de Dios para todos y para siempre, no será difícil encontrar excepciones. En el libro de la Sabiduría encontramos: Tú amas a todos los seres y nada aborreces de lo que has hecho… Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor que amas la vida (Sab 11, 24. 26).

Un ejemplo de contradicción es lo que el mismo libro escribe enseguida: A los Cananeos, los antiguos pobladores de tierra santa, los aborreciste por sus odiosas prácticas… decidiste eliminarlos por medio de nuestros padres (Sab 12, 3-4. 6).

Desde las primeras páginas del libro del Génesis sabemos que el Señor considera buena a toda la creación (Gen 1, 12. 13. 18. 24. 31). Sin embargo, la realidad y la historia humana presentan la misericordia de una manera compleja y en cierto modo contradictoria. Bastaría pensar en el caso de Caín y Abel, donde la misericordia parece más grande con el asesino que con el inocente.

En el citado libro de la Sabiduría expresa claramente: A nosotros nos instruyes azotando mil veces a nuestros enemigos, para que nosotros a la hora de juzgar pensemos en tu benevolencia y cuando nos toque ser juzgados esperemos misericordia (Sab 12, 22).

Nuestro lenguaje sobre Dios y sus características es siempre cosmológico y antropológico, es decir, emplea palabras que indican lo que existe en el cosmos o naturaleza y en los seres humanos o en la historia; la mayor parte de las veces se trata de un lenguaje antropomórfico, o sea, que imagina a un Dios totalmente a imagen del hombre.

Podemos recordar unos ejemplos, de alguna forma conectados con el problema de la misericordia: ¿Puede una madre olvidarse de su creatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque una madre se olvidara, yo jamás te olvidaré (Is 49, 15). Es una bella expresión para indicar la misericordia sin límites de Dios para con su pueblo y para cada uno de nosotros.

No es fácil entender la otra cara de la misericordia –como prueba o castigo– sin caer en contradicción como explica un pasaje de la Carta a los hebreos: ¿Han olvidado la exhortación que Dios les dirige como a hijos? Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor ni te desanimes si te reprende, porque el Señor corrige a quien ama, castiga a quien recibe como hijo (Heb 12, 6; cfr. Pr 3, 11-12).

Esto es difícilmente aplicable a Jesús crucificado, escándalo para los judíos y locura para los griegos, pero para los creyentes es la fuerza y la sabiduría de Dios (1Co 1, 15-16), que oculta y manifiesta a la vez su inmensa misericordia para con toda la humanidad. 

A veces el castigo divino parece desproporcionado, ¿dónde está la misericordia divina? El ejemplo más claro está en la narración del diluvio: Ves que todo lo que vive tiene que terminar, porque por su culpa la tierra está llena de crímenes; los voy a exterminar con la tierra (Gen 6, 13). Sin embargo, es la misericordia la que tiene la última palabra: Cuando yo envíe las nubes, aparecerá mi arco en el cielo y recordaré mi alianza con ustedes y el diluvio jamás volverá a destruir a los vivientes (Gen 9, 14-15). Más clara es la última palabra de la misericordia de Dios en la resurrección de Jesús, primicia de nuestra resurrección.