Muchas veces cuando estamos enfermos o cuando una persona que queremos mucho se enferma nos preguntamos la causa y el origen de la enfermedad. En este artículo quisiéramos tratar tres grandes preocupaciones acerca de la enfermedad.
Origen bíblico de la enfermedad
El libro de Génesis nos dice que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Adán y Eva caminaban con Dios en el jardín del Edén donde reinaba la armonía y el equilibrio, no había enfermedades, ni muerte ni sufrimiento. El pecado rompe con este equilibrio, y la enfermedad entra en el mundo como fruto del pecado. Es por eso que tanto en el antiguo Testamento como en la época en que vivió Jesús, existía la creencia que las enfermedades, eran un castigo, porque seguramente el enfermo mismo o alguno de sus parientes habían pecado. Esta mentalidad nos la presenta san Juan claramente en el pasaje del ciego de nacimiento cuando los discípulos preguntan a Jesús: ¿Quién pecó, este o sus padres, para que naciese ciego? (Jn 9, 2).
La enfermedad no es solo física…
Durante muchos siglos se ha considerado la enfermedad como algo solamente físico dejando de un lado el aspecto espiritual. Actualmente se dice que la enfermedad que causa más víctimas es la depresión. Muchos piensan que la depresión, tiene un origen solamente mental. Pero no es así, en el ser humano la dimensión física y su dimensión espiritual no son independientes, la una influye en la otra. Si hay una mente enferma termina enfermando el cuerpo y el alma. Es por eso que san pablo en la carta a los Romanos capítulo 12 dice: Renueven su mente para que cambie su vida. Las enfermedades espirituales y psicológicas pueden contagiar nuestro cuerpo como la gripa contamina el ambiente. Como ejemplos de enfermedad espiritual tenemos la depresión, el complejo de superioridad, el mal carácter…
¿En qué la enfermedad nos puede ayudar?
La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana (CEC, no. 1500), y se concibe ante todo como un estado de flaqueza y de debilidad (Sal 38,11). ¿En qué nos puede ayudar la enfermedad?
- Tomar conciencia de nuestros límites, de la precariedad de nuestro camino aquí en la tierra.
- Puede originar una densa y amplia red de solidaridad a nivel familiar y social.
- Unir los propios sufrimientos a los de Cristo, para que nos ayuden a expiar nuestros propios pecados y ayudar a los otros en su conversión.
Podríamos concluir con las palabras de Tony Dahere: La enfermedad, llevada por amor de Dios, es un medio de santificación y de apostolado; es un modo excelente de participar en la cruz redentora del Señor. Especialmente en la enfermedad hemos de estar cerca de Cristo. Cuanto más dolorosa sea la enfermedad, más amor necesitaremos tener. Más gracias de Dios también recibiremos.
Cuando estamos pasando por instantes delicados en nuestras vidas como la enfermedad, es cuando nos damos cuenta de nuestra impotencia, de nuestros límites y quiénes somos realmente.



