No al anonimato y la indiferencia
El crecimiento de la población, la migración, la globalización, los social media, la humanidad entera es llamada aldea global donde aparentemente todos estamos codo a codo, estamos tan cerca que nos pisamos unos a otros el dedo gordo o el ojo de pescado, y sin embargo todo en realidad camina en sentido contrario, crece el anonimato y el frio hielo de la indiferencia. Visitar al enfermo es romper con las distancias, el anonimato, y la fría indiferencia. Es ponerle corazón a nuestra humanidad contemporánea.
La indiferencia del ego mata.
Optar por la misericordia es optar por la vida.
Entrar en la casa de quien sufre
Visitar al enfermo, en su casa, en la casa de asistencia, en el hospital… donde se encuentre, tiene profundas implicaciones; he aquí algunas de ellas: salir de sí mismo (a), abrir la puerta, ponerse en camino hacia la casa del otro, hacerse próximo, mostrar la calidez fraterna, haciendo a lo mejor poco, sin embargo, el tener ojos, corazón, manos, pies para estar con tu hermano que sufre es mucho, es una obra que tiene corazón y que da vida. Al entrar en su casa, tú eres huésped, inclina la cabeza, camina de puntitas, evitando molestar, habría que quitarse las sandalias pues el suelo que pisas es sagrado, el hermano enfermo merece todo el respeto del mundo, trátale con delicadeza, reconoce su dignidad de persona.
Cuando entres en una casa que no es la tuya, inclina la cabeza.
Pequeñas causas, grandes efectos.
Decálogo para la visita al enfermo
Visita al próximo en el momento oportuno, dedica todo el tiempo necesario, evita el protocolo y favorece el tono familiar, respeta la sensibilidad del hermano que sufre, ponte a la escucha, evita cansarle, respeta la persona en la condición que se encuentre, nunca mentirle, comunica paz y serenidad y aprende siempre de quien sufre.
La escuela de quien sufre es de las mejores.
Actuar es bueno, rezar es mejor, sufrir es todo (E. Poppe).
El credo más bello es el que brota de los labios en la oscuridad, en el sacrificio, en el dolor (San Pío).
Hacerse próximo
El número de enfermos físicos, enfermos de soledad, los enfermos abandonados, los enfermos que yacen en el hielo de la indiferencia… ¿Cuántas veces les vemos, les conocemos, pueden ser de nuestra casa, de nuestra familia, de nuestra colonia, de nuestra parroquia? Y sin embargo no tenemos tiempo, tenemos ojos que no ven, entrañas que no se remueven, pasamos de largo y nuestra vida y proyectos siguen adelante, en efecto la situación de los que sufren no nos inquietan.
¿Por qué son tan pocos quienes se hacen próximos de los enfermos sean familiares o no? ¿Por qué en algunos brinca el corazón y en otros parece esclerotizado, duro, muerto? Hacerse próximo es despertar el corazón, humanizar nuestras relaciones, tomar decisiones que comprometen para vivir solidariamente no solo con los que están bien sino también con quienes sufren. Si somos solidarios y fraternos cuando las cosas van bien, tendría que ser la misma tónica cuando alguno sufre.
Un perfume no se revela perfume que cuando el frasco está abierto.
Estar con el enfermo y con quien sufre vale mucho más que lo que puedes hacer por ellos.



