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En estos días estamos viviendo los momentos más sublimes de nuestra fe en Jesús: la resurrección, la vuelta a la vida.

Son días de pascua y celebrar la pascua es recordar el “pasaje” judío de salir de la esclavitud de Egipto –muerte-, a la tierra de liberación –vida-. Una situación de esclavitud que se había prolongado por siglos y de la cual era casi imposible para que el pueblo, por sí mismo, pudiese salir. Dios se compadece de su situación, de su sufrimiento y decide, por conducto de Moisés, traerlo a la tierra prometida. Esta tierra es la libertad, es una vida nueva, es respeto a la persona y una nueva forma de convivir. Después de 430 años, el pueblo debía aprender a valorar la nueva vida viviendo en sociedad.

Jesús vino a ratificar eso mismo. Él se dio cuenta del punto débil del ser humano, que es capaz hasta de someter a los otros para poder mantener y aumentar los intereses personales. La esclavitud, el sometimiento, la violencia, la mentira y la opresión son hermanas de la muerte. La muerte, enemigo número uno de la vida, parecía tener el mando y la última palabra. Durante el injusto juicio a Jesús afloró quienes estaban de un lado y quiénes del otro. Ya habían perdido, como pueblo, su memoria histórica de haber pasado de la esclavitud a la tierra prometida. Aun durante el suplicio y delante de Jesús clavado en la cruz, hubo quien lo seguía desafiando. Hasta dónde llega la arrogancia de quién se cree dueño de la verdad y de las decisiones tomadas en nombre de un pueblo, cuando en realidad, -y hasta puede ser que por ignorancia-, lo que escondía eran intereses del grupo dominante.

La resurrección de Jesús es la victoria de Dios sobre el mal. Es el bien que vence al final. Es la vida que se prolonga hasta la eternidad para quienes están de su lado, porque el enemigo ha sido vencido. La muerte del Inocente en la cruz es ahora la garantía, para quien cree, que vale la pena la lucha para que nuestro mundo sea la tierra libre, donde la vida sea vivida por todos con más dignidad, y las oportunidades de mejorar sean más parejas para todos. Como dice el mismo Jesús: “Dichosos los que luchan…” (Mt. 5,1-12).

Felices Pascuas a todos y hagamos que nuestro México camine hacia un mejor bienestar.