Se dice que en el mundo, 2.000 millones de personas carecen de acceso a agua potable. El número de personas cuyo derecho al agua no está cubierto es incluso mayor, probablemente unos 3.500 millones.
Un hombre se perdió en el desierto. Al cabo de unos días y a punto de morir de sed vio cómo se acercaba una caravana. Reuniendo fuerzas alcanzó a gritar: Agua. Al verlo uno de los viajeros que parecía el jefe gritó: Pobre hombre, necesita agua. Rápido traigan un odre. Uno de la caravana dijo: ¿Un odre?, por Dios, este hombre no tiene fuerzas para beber en un odre, es mejor traer un cántaro. Un tercero propuso: No, mejor démosle vino, el vino lo reanimará además de calmarle la sed. Inmediatamente el jefe de la caravana intervino diciendo: ¿Cómo vamos a darle vino sin saber antes si es musulmán? Y comenzaron a discutir.
El hombre sediento, con las pocas fuerzas que le quedaban, nuevamente intentó gritar: Agua, por favor. Pero nadie lo oyó, pues estaban discutiendo, si habría que ponerlo en la sombra o dejarlo en el sol antes de darle de beber. Cuando al fin se pusieron de acuerdo, ya era demasiado, el hombre había muerto de sed.
El agua es una de las cosas que nos hacen darnos cuenta que todas las personas somos iguales, ya que independientemente del lugar donde hayamos nacido, la lengua que hablemos o en aquello que creamos, sin agua no podríamos vivir, el agua es vida.
Desgraciadamente, este bien que debería ser común a todos, este derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos, como lo define el Papa Francisco, no todos lo podemos disfrutar de la misma manera, mientras que algunas personas en diferentes partes del mundo no tienen agua ni para beber, hay otras personas que la desperdician.
Podríamos pensar que quienes desperdician este bien precioso, son solo aquellas personas que habitan en zonas ricas o que viven en los así llamados países del primer mundo, pero si ponemos más atención, muchos de nosotros en nuestra vida diaria hacemos lo mismo.
El buen uso del agua, es algo que tenemos que tener en cuenta, no solo por lo que se dice que en pocos años cada vez será más difícil obtenerla, sino por los efectos que causan actualmente, ya que las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y controles suficientes. No pensemos solamente en los vertidos de las fábricas. Los detergentes y productos químicos que utiliza la población en muchos lugares del mundo siguen derramándose en ríos, lagos y mares (LS n. 29), provocan diariamente un sin número de muertes.
Dar de beber al sediento, es una de las siete obras de misericordia que se nos proponen vivir en este Año de la Misericordia. Pero qué significa vivir esta obra de misericordia, ¿esperar a encontrarnos un hombre sediento en un desierto para darle de beber o podríamos hacer algo más?



