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 Más de una vez nos hemos encontrado con personas que viven una auténtica relación con Dios, pero algunos de ellos les cuesta comprometerse con los demás. Conoceremos la fascinante historia de un profeta que nos da una lección de vida. Lee y medita la historia de Jonás.

El pequeño relato de Jonás, es una bella parábola, llena de humor, escrita hacia el siglo II a.C. Narra los sentimientos del pueblo israelita, un pueblo oprimido que ha sufrido la explotación, la persecución y el destierro por parte de los opresores, simbolizados por Nínive. Aquí empieza la historia de Jonás.

Falta reaccionar

El profeta Oseas acusa al pueblo de su pecado; denuncia la fornicación, la prostitución y el adulterio. La infidelidad de los israelitas se manifiesta, ante todo, en el culto que daban a los ídolos, formando altares, ofreciéndoles sacrificios, consultando a los adivinos y practicando la prostitución sagrada. El primer amor del pueblo (Dios) había desaparecido.

Con frecuencia recibimos noticias que nos hablan de violencia, platicamos lo que pasa, pero ahí acaba todo, nos hace falta reaccionar. Algo parecido le sucedió a Jonás, Nínive la ciudad opresora quedaba muy lejos de donde él vivía. Jonás vive tranquilo, cree en Dios, pero no se quiere complicar la vida. A pesar suyo, Dios se acerca a Jonás y le sorprende invitándole a ponerse en camino para anunciar al pueblo un mensaje de salvación.

Huida y misión

Jonás quiere huir lejos del Señor. En el fondo está huyendo de sí mismo, del lugar donde Dios lo quiere para realizar su proyecto de salvación. Y ese lugar es Nínive, aunque a él no le guste. Jonás se enfrenta a la oscuridad y a la incertidumbre (cf. Jon 2, 1-10). Y en el vacío recuerda la grandeza y la bondad de Dios, el cual le devuelve la fuerza y el valor para proclamar la salvación. El encuentro con Dios lo lleva a encontrarse consigo mismo.

¿Dónde proclamará la salvación de Dios? Nínive es su lugar. En el fondo no está convencido de su misión, se siente un fracasado porque no se ha dejado amar por Dios. Jonás se angustia y desea quitarse la vida (cf. Jon 4, 1-11). Al mismo tiempo Jonás acepta a un Dios que rompe con sus esquemas, que lo lleva más allá de sus propias fronteras y su seguridad. Dios le ofrece su propia amistad y un amor desmesurado.

Reflexión personal

Jonás pensaba vivir una vida tranquila, sin preocupaciones. De pronto, Dios irrumpe en su vida para encomendarle una misión, la cual lo deja perplejo. Me he puesto a pensar: ¿Cuáles son mis seguridades? ¿Me siento satisfecho del estilo de vida que llevo?

Cuando el profeta busca rehuir la misión que Dios le ha encomendado, se marcha a Tarsis para replegarse en sí mismo, para huir del compromiso. Cuando escucho que Dios me está llamando a comprometerme con mis hermanos ¿Cuáles son mis evasiones? ¿Cuáles son mis Tarsis donde busco esconderme?

A Jonás le tocó ponerse en camino para transformar Nínive, una ciudad compleja, llena de conflictos y opresión, sin embargo, el profeta cae en la cuenta, que la fuerza para salir adelante le venía de Dios. En mi vida, ¿Cómo vivo la unión entre mi fe en Dios y el deseo de cambiar la realidad en que me toca vivir?