San Guido María Conforti deseaba que sus hijos estuvieran profundamente unidos a la familia xaveriana, de modo que estuvieran orgullosos de pertenecer a ella. “Es necesario –escribía en las Constituciones– que se alimente y se cultive un profundo sentido de pertenencia a la familia xaveriana. Conforti justificaba haber traído de China al padre Juan Bonardi, a pocos años de estar allá, porque “él ama a nuestra humilde familia y posee su espíritu”. Así también, cuando se trató de poner a la cabeza un superior para la Escuela Apostólica de Vicenza, llamó de China al siervo de Dios padre Pedro Uccelli, diciendo: “La congregación ahora necesita miembros que le tengan cariño”.
El padre Zulián contaba como hecho significativo, que cuando entró el alumno Fusato, que llevaba el distintivo de la Acción Católica, monseñor Conforti que estaba de visita en Vicenza, le dijo: “Tú ahora eres un pequeño misionero, eres más que un joven de Acción Católica”.
Una segunda virtud doméstica que proponía san Guido era “la sinceridad necesaria porque el misionero debe ser maestro de verdad y luz del mundo”. Así mismo, al maestro de novicios recomendaba: “Procure dejarles una huella de alegría, para que sean corteses, fuertes, leales, enemigos de toda doblez y fingimiento” (RF, 69).
Un día, el Fundador se había olvidado contestar a su tiempo a una persona, y el padre Bonardi le aconsejó de cambiar fecha en la carta: “Excelencia, una mentirita a tiempo y en su lugar, algunas veces, puede rendir un buen servicio”. El Fundador le contestó con una mirada tan severa que el padre Juan no volvió a repetir semejante disparate en toda su vida ni de broma. Otra vez se le sugirió que pusiera en la carta una fecha anterior. “¡Ah no, esta es una mentira, y las mentiras ni se dicen ni mucho menos se escriben!”.
Una tercera virtud familiar que monseñor Conforti recomendaba era la estima mutua. En Regla Fundamental n. 48 de los Xaverianos les encomienda “que tengan estima mutuamente para con los compañeros de vocación, evitando la crítica y la envidia, y, lejos de envidiarles sus éxitos, imiten sus mejores ejemplos”.
Conforti era el primero en resaltar las virtudes, las capacidades, los éxitos de sus hijos. De uno escribe: “En estos años ha progresado en la virtud y la ciencia”. De otro, que es vicerrector de la Casa Madre, dice que “con amor y competencia dirige el boletín Fe y Civilización”. De un tercero dice “que es un sacerdote muy inteligente, de una fuerte piedad y de buen criterio”. Y así, podríamos continuar con una letanía de alabanzas que tenía para cada uno.
Por último y no por eso la menos importante, la laboriosidad. “La tierra para trabajar –repetía Conforti–, y el cielo para descansar”. Y en un retiro a los novicios, les explicó los tres porqués de la obligación del trabajo. “Como hombres porque Dios puso al hombre en el paraíso para que lo trabajara. Como cristianos, siguiendo a Jesús que se nos presenta en Nazaret como un obrero incansable. Y por fin como religioso, por motivo del voto de pobreza, que nos impide ser unos holgazanes”. Una de las características del xaveriano debe ser la constante laboriosidad (cf. RF, 66).



