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Xaverianos

FUNDAMENTOS PATRÍSTICOS DE LA ENSEÑANZA SOCIO-POLÍTICA

Autor: P. Umberto M. Marsich

/ Los Padres de la Iglesia, por ser los primeros intérpretes excepcionales de la Sagrada Escritura y testigos privilegiados de la tradición apostólica, constituyen el fundamento de la actual doctrina social de la Iglesia e inspiradores de su misión social.

 Sus textos muestran que el ‘espíritu social’ es algo inherente al cristianismo. Los Padres de la Iglesia son los que, en efecto, inician la fundación del pensamiento social, acuñando nuevos términos sociales y proponiendo experiencias de vida más afines al espíritu del Evangelio:

  • valoran correctamente el uso de los bienes,
  • cuestionan los sistemas económicos que multiplican los pobres,
  • fomentan la responsabilidad social en la administración de la propiedad y
  • tipifican el deber de la limosna.

  Fundamentos magisteriales de la Iglesia.

Los fundamentos magisteriales de la misión y enseñanza socio política de la Iglesia los encontramos, propiamente, en ese patrimonio doctrinal que es la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y que se define como “el conjunto de principios de reflexión, de criterios de juicios y de directrices de acción que orientan a los cristianos a establecer relaciones más humanas entre personas y grupos, en el campo económico, político y cultural”.

 

Se trata de una doctrina con carácter teórico (los principios), histórico (los juicios) y práctico (las directrices de acción), escrita principalmente por los Papas en colaboración con expertos, obispos y comunidades cristianas. Cronológicamente, empieza a elaborarse desde el pontificado de León XIII, con la encíclica Rerum Novarum (1891), y continúa, hoy, con el pontificado de Benedicto XVI. En ella volvemos a encontrar la enseñanza social revelada en la Sagrada Escritura, los conceptos sociales de los Padres de la Iglesia y las elaboraciones teóricas de los teólogos sociales de todos los tiempos. Se trata de una doctrina cuyas características fundamentales son la historicidad, evolución, actualidad y la eficacia práctica. Sin lugar a duda, nos revela el esfuerzo del Magisterio por responder a los desafíos sociales que la historia y la cultura plantean a la fe de la Iglesia permanentemente, con la finalidad explícita de incidir, de modo positivo, en los problemas sociales concretos que se presentan en todos los tiempos.

 

No es una ideología ni tampoco un sistema de recetas para solucionar problemas económicos o políticos. Trata de orientar, más bien, a la luz de principios universalmente aceptados y objetivos, toda acción económica y política de los hombres y de las naciones. Gracias a esta doctrina, se estimuló el pensamiento moral cristiano y se promovió concretamente el compromiso de los cristianos en el campo social al servicio del bien común de la humanidad. Por supuesto que la DSI no agota la totalidad de los asuntos sociales, pero sí, con sus principios firmes, ilumina suficientemente a los creyentes y proporciona criterios valiosos y directrices de acción para afrontar y solucionar muchos  problemas concretos de la vida social. Esta doctrina social, finalmente, sacudió a la Iglesia para que abrazara a la totalidad de los hombres y se convirtiera, poco a poco, de centro de poder, en centro de servicio y en buena samaritana de la humanidad sufriente.