EI padre Guillermo, nació en Gainago de Torrile, Parma, el 4 de julio de 1921, fue alumno del seminario de Parma hasta la preparatoria. Uno de sus hermanos fue monseñor Amilcare Pasini, obispo de Parma. En 1937 entró en el noviciado xaveriano y el 12 de septiembre de 1938 hizo su primera profesión. Completó sus estudios de filosofía y teología en Parma y fue ordenado sacerdote el 20 de abril de 1946.
Después de la ordenación, fue destinado al seminario de Massa Lucana (Salerno), con el encargo de vicerrector y maestro. Esa sería la tarea de su vida, trabajando casi siempre en la formación de los seminaristas: Salerno, Zelarino, Mazatlán, San Juan del Río y Salamanca. En las comunidades de las que formaba parte, siempre se empeñaba en enseñar como profesor de latín e inglés, y en México también de lengua italiana. Se le asignaban traducciones de latín, inglés e italiano y siempre las corregía con cuidado y precisión.
Era constante e incansable en todas las actividades requeridas durante la organización de la jornada de los seminaristas, en el mantenimiento de las casas de manera especial en Zelarino, San Juan del Río y Salamanca. Apasionado por el ministerio pastoral, siempre encontró tiempo para dedicarse al ministerio de la predicación, la celebración de los sacramentos y la animación de nuevas comunidades parroquiales en donde era bien querido y aún hoy se le recuerda por su entrega generosa. Era el siervo fiel y laborioso que realmente sirvió al Señor y a los hermanos. En Navidad de 1966 escribía desde Mazatlán: "Algunos dicen que esto no es el campo misionero, y entonces se desaniman. Yo creo que el Señor nos puso aquí y por ello es inútil cuestionarse, porque perdemos los frutos de aquí y de allá... Las satisfacciones son mínimas, pero si sabemos aprovechar todo con fe, creo que ganaremos también aquí un hermoso paraíso."
Quien lo conoció o vivió con él, recuerda con agrado su bondad, su ánimo y la simplicidad de su persona, pero sobre todo reconoce su generosa entrega a cuantos lo necesitaban. Estuvo siempre sostenido por una fuerte espiritualidad sacerdotal, un amor a la juventud y una caridad activa que reflejaba la vida cristiana en su más honda humanidad. Confesor incansable y administrador de sacramentos ejemplar, que aún a deshoras de la madrugada se le recuerda llevando el viático a los moribundos y ayudando de forma discreta y silenciosa a quienes le pedían ayuda.
Durante la asamblea de Navidad celebrada en Guadalajara a finales de 1995, debido a la humedad y al frio le vino una infección respiratoria. Cuando regresó a Salamanca, no le dio importancia y continuó con las celebraciones de fin de año. El 2 de enero de 1996 el padre Aquiles fue a buscarlo a su cuarto y lo encontró muerto atravesado en la cama, debido a una insuficiencia cardiaca causada por un edema pulmonar agudo. Su cuerpo fue reclamado por la gente sencilla de sus comunidades y fue sepultado frente al sagrario de la parroquia de San francisco Xavier que él mismo construyera en Salamanca, Gto.



