En su discurso en Bolivia, el Papa hizo un llamado a quienes sirven en la Iglesia, a saber escuchar el grito de los pobres. Desde el relato de Marcos que describe la curación del ciego Bartimeo (Mc 10,46-52), planteó una de las principales exigencias que tiene el mundo de la religión: la solidaridad con los pobres. Según el Papa, tres son las respuestas frente a los gritos del ciego, y las resume con las palabras del propio Evangelista: "pasar”, "callar” y "ánimo, levántate”.
Pasar de largo
Es la primera respuesta. La gente y los discípulos miraban a Jesús, querían oírlo, pero no escuchaban los gritos del ciego. “Pasar es el eco de la indiferencia, pasar al lado de los problemas y que estos no nos toquen. No es mi problema. No los escuchamos, no los reconocemos, sordera”. Es la tentación “de naturalizar el dolor, de acostumbrarse a la injusticia […] Se trata de un corazón que se ha acostumbrado a pasar sin dejarse tocar; una existencia que, pasando de aquí para allá, no logra enraizarse en la vida de su pueblo”. El Papa cuestiona la actitud de sordera expresada en la indolencia ante el sufrimiento humano, derivada de la mentalidad que lo elude o encubre, ya sea porque lo considera ajeno a su mundo o porque lo asume como un destino y no como el producto de acciones humanas injustas. La primera ceguera que se debe curar no es la de Bartimeo, sino la de una religión convencional que no sigue el modo de ser de Jesús.
Cállate
Es la segunda actitud. Aquellos gritos del ciego interrumpen la marcha tranquila de los discípulos de Jesús. Ellos no pueden escuchar… aquel pobre molesta. Hay que callar sus gritos. Por eso muchos lo regañaban para que se callara. Agrega el Papa, "esta escucha reconoce, toma contacto con el grito del otro. Sabe que está y reacciona de una forma muy simple, reprendiendo. Son los obispos, los curas, las monjas, los papas (…) que enseñan una disciplina muy dura. Y pobre pueblo fiel de Dios, cuántas veces es retado por el mal humor de un seguidor o seguidora de Jesús”. Es la actitud "de quienes frente al pueblo de Dios, lo están continuamente reprendiendo, mandándolo callar”. En el fondo hay un profundo desprecio al santo pueblo fiel de Dios. Han hecho de la identidad una cuestión de superioridad... ya no son pastores sino capataces. La necesidad de diferenciarse les ha bloqueado el corazón. "Muéstrenles afecto, escúchenlos, díganles que Jesús los quiere”.
Ánimo, levántate, que te llama
Jesús no pudo seguir su camino ignorando el sufrimiento de aquel hombre. Se detiene, hace que todo el grupo se pare y les pide que lo llamen. "Se detiene frente al clamor de una persona. Sale del anonimato de la muchedumbre para identificarlo y de esta forma se compromete con él. Se enraíza en su vida. Y lejos de mandarlo callar, le pregunta: ‘¿Qué puedo hacer por ti?’. No existe una compasión que no se detenga; si no te detienes, no padeces con. No existe una compasión que no escuche, que no se solidarice con el otro”. Es la lógica que nace de no tener miedo de acercarse al dolor de nuestra gente. Aunque muchas veces no sea más que para estar a su lado y hacer de ese momento una oportunidad de oración.



