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 “La misión es algo imprescindible para aquellos que escuchan la voz del Espíritu que susurra y dice ven y ve”, es lo que nos dice el Papa Francisco en su mensaje para este próximo Domingo Mundial de las Misiones, es una invitación para que toda la Iglesia del mundo festeje con júbilo la tarea de la evangelización de cada cristiano. La misión es una tarea y un proyecto en las manos de Dios compartido con las manos del ser humano, para llevar la plenitud de Cristo a todos los rincones de la tierra, es especial en donde aún no lo conocen.

La misión nace del amor a Cristo pero debe llevarnos al amor también por su Iglesia, que se refleja en el hermano necesitado de una palabra de aliento, una mirada de amigo, un testimonio de esperanza, en el pobre y en el marginado que quiere ser incluido. Por tanto, amar a Cristo es también ensanchar el corazón para amar aquellos que necesitan de mi testimonio, como dice el Papa Francisco: “La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, es una pasión por su pueblo”.

La experiencia de Cristo debe arroparnos de valentía y no dejar que el miedo a las críticas e inclusive al rechazo sea un estigma de fracaso, antes bien, debe ser la oportunidad de sonreír a tus hermanos porque tú encontraste un motivo para sonreír en medio de muchas experiencias que a veces llenan de vacío. Por eso ¡chavos y chavas!, tienes la gran misión de darle vitalidad y espontaneidad a la buena noticia de Jesucristo, el Evangelio es para todos y por eso no podemos olvidarnos de aquellos que aún no han escuchado esta gran noticia, ¡Jesús quiere que tengas vida y la tengas en abundancia!

Sé un joven libre, no tengas miedo de anunciar y de seguir a Cristo, muchos te acompañan en tu camino. Y recuerda que este próximo Domingo Mundial de las Misiones, es un buen momento para preguntarte a ti mismo, qué misión tiene Dios para ti.

Me dirijo especialmente a los jóvenes, que siguen siendo capaces de dar testimonios valientes y de realizar hazañas generosas a veces contra corriente: no dejes que te roben el sueño de una misión auténtica, de un seguimiento de Jesús que implique la donación total de sí mismo. En el secreto de tu conciencia, pregúntate cuál es la razón por la que has elegido la vida religiosa misionera y midan la disposición a aceptarla por lo que es: un don de amor al servicio del anuncio del Evangelio, recordando que, antes de ser una necesidad para aquellos que no lo conocen, el anuncio del Evangelio es una necesidad para los que aman al Maestro (Papa Francisco).