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Ernesto Olivero

He aquí la Iglesia que sueño

En la Iglesia que sueño quien tiene una responsabilidad es siervo de todos y un defecto nunca se convierte en pretexto, sino que busca siempre la misericordia. Una lógica que vale para todos, también para los laicos, para quien es presidente, gobernador, jefe de una empresa, gran profesionista, un científico. El mundo tiene hambre de Dios, un hambre tremenda. La Iglesia puede convertirse en faro de esperanza donde habita el miedo, la incertidumbre y la búsqueda de sentido. Esperanza para nosotros que ya no somos capaces de conmovernos delante de los muertos de hambre, de las víctimas del mercado de armas y de las injusticias.

¡Hoy ya nadie llora! Esta Iglesia puede calentar el corazón de todos, ponerse al centro de la lucha contra el hambre, para vivir la Navidad y la Pascua todos los días, para ir al encuentro del pobre no solo con un plato de sopa, sino sobre todo con la dignidad del trabajo bien remunerado. El mundo tiene necesidad de esta simplicidad y de esta transparencia. ¡No soy un soñador! Un mundo así, una Iglesia así, pueden existir y las palabras y los gestos de Papa Francisco son la prueba.

La vida consagrada enriquece la vitalidad de la Iglesia, haciendo que su apostolado sea “vigorosamente fecundo” (Perfectae Caritatis). La vida consagrada “aparece como una señal que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir con pasión los deberes de la vocación cristiana… a arraigar y consolidar en las almas el Reino de Cristo y a dilatarlo por todo el mundo” (LG, 44).

 

Estamos invitados a remodelar nuestro estilo de vida según las exigencias del Evangelio: sobriedad, encuentro, disponibilidad, honestidad de vida, son términos importantes de los que depende mucho la vitalidad de nuestra vida de consagrados. Para los consagrados “anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo, no es solo algo verdadero, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aún en medio de las pruebas” (EG, 167).