Cuando se nos llama a ejercer una tarea con personas y ambientes conocidos, parece que todo marcha sobre ruedas, pero cuando se nos envía a una misión con gente y situaciones desconocidas, sentimos muy de cerca los retos y desafíos, así lo experimentó uno de los profetas. Lee los capítulos 2 y 3 del libro de Ezequiel.
El profeta Ezequiel, vivía en una localidad llamada Tell –Abib, junto al río Kebar, al sur de Babilonia. Pertenecía a la clase sacerdotal, y fue llevado a Babilonia como cautivo en el año 538 a.C. Hacia el año 593 a.C fue llamado al servicio profético que ejerció con pasión durante veinticinco años.
Fe y amor
Según los relatos de su vocación, Ezequiel fue un hombre fiel al Señor, iban unidos la fe y el amor por Dios y su proyecto. Su confianza en el Señor, fue algo determinante en su vida, fue como una “brasa encendida”, que lo atormentó continuamente; la realidad en que vive, lo desafía, al grado que se preguntaba: ¿Dónde está Dios? ¿Qué papel juega en una realidad que prácticamente busca esconderlo e ignorarlo?
Obra del Espíritu
Vocación y misión, van unidas en la vida del profeta. Ezequiel se ocupó de mantener la fe, a pesar de vivir en el destierro y en medio de una situación compleja. Los exiliados lejos de comprender los planes de Dios, continuaban con la idolatría. Acusaban a Dios de ser injusto con ellos. Ezequiel tenía que hacer frente a los reclamos de los exiliados y castigar su idolatría.
En el ejercicio de su misión, el profeta va viendo que no es fácil, que no siempre será escuchado, que a nadie le interesan sus palabras. El éxito o fracaso en el camino de la misión, no depende de quién es enviado, lo importante es que asuma su misión, el resto será obra del Espíritu que va trabajando en cada uno y en cada situación.
Reflexión personal
Cuando Dios nos invita a seguirle, conoce bien el barro de que estamos hechos. Así como Ezequiel que reconoce su debilidad, su pobreza, pero también sus cualidades con las cuales sabe afrontar su misión. ¿Me he puesto a pensar cuáles son mis límites, mis pobrezas? ¿Junto con mis debilidades, sé reconocer que Dios me pide dar una respuesta?
El profeta Ezequiel, no se queda en sus triunfos o fracasos, su fe y amor al Señor, lo llevan a entregarse apasionadamente a su misión. Cuando emprendo alguna tarea o tomo alguna decisión ¿va encaminada desde la confianza en Dios de que todo va a ir bien?
La misión de Ezequiel, fue desafiante, experimentó la soledad y el abandono de Dios ante la realidad compleja que le tocó vivir. ¿Cómo puedo describir la sociedad que me ha tocado vivir? ¿Conozco el entorno donde vivo? ¿Descubro la llamada de Dios a ser instrumento suyo? ¿Cómo lo vivo, qué desafíos y retos me presentan?



