Se han publicado datos de la 3ª edición del Informe Mundial sobre la Felicidad que elabora la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) de la ONU. El Informe está inspirado en el concepto de "felicidad interna bruta” (FIB), acuñado por un pequeño país, Bután, que propone medir la riqueza de las naciones por el bienestar real de los ciudadanos, por la alegría de vivir, por la seguridad social, y no solo por el dinero, como se hace al medir el producto interno bruto (PIB). "La FIB es mucho más importante que el PIB”. Jigme Singye Wangchuck, rey de Bután.
La FIB se sostiene sobre 4 pilares que deben orientar la política: un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la preservación y promoción de la cultura, la conservación del medioambiente y el buen gobierno. El documento de la ONU destaca 6 variables para definir las puntuaciones: el PIB de cada país; la esperanza y calidad de vida de sus ciudadanos, las relaciones sociales, la libertad como toma de decisiones en la vida, la ausencia de corrupción y la generosidad como valor fundamental de la convivencia humana.
¿Qué países han alcanzado mejores resultados? De un total de 158 países, 5 destacan como los más felices en 2014: Suiza, Islandia, Dinamarca, Noruega y Canadá. Y entre los menos felices se encuentran Afganistán, Ruanda, Benín, Siria, Burundi y Togo. México ocupa el número 14.
Este año se espera la adopción por parte de los Estados de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), diseñados para erradicar la pobreza; conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición; garantizar una vida saludable; una educación de calidad inclusiva y equitativa; alcanzar la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas; cuidado del agua; proteger, restaurar y promover los ecosistemas terrestres; gestionar los bosques; combatir la desertificación; detener y revertir la degradación de la tierra; frenar la pérdida de diversidad biológica; promover sociedades pacíficas; acceso a la justicia para todos; y crear instituciones eficaces y responsables.
De ahí que la cuestión apremiante de la política sea invertir en el capital social, dándole centralidad a la educación, la instrucción moral, los códigos de conducta profesional, la sanción pública por delitos de corrupción; y prioridad a reducir las desigualdades sociales. Los encargados de formular políticas públicas deben evaluar sus opciones de una manera muy diferente.
Leyendo este documento viene a la memoria la exhortación de Jesús a ser felices, formulada en las conocidas bienaventuranzas y malaventuranzas. El teólogo Pagola lo parafrasea así: "Felices lo que saben ser pobres y comparten lo poco que tienen con sus hermanos. Malditos los que solo se preocupan de sus riquezas y sus intereses. Felices los que conocen el hambre y la necesidad porque no quieren explotar, oprimir y pisotear a los demás. Malditos los que son capaces de vivir tranquilos y satisfechos sin preocuparse de los necesitados. Felices los que lloran las injusticias, las muertes, las torturas, los abusos y el sufrimiento de los débiles. Malditos los que se ríen del dolor de los demás mientras disfrutan de su bienestar”.
La felicidad, pues, hay que construirla frente a lo que la impide. No podemos ni debemos buscarla en una sociedad centrada en el desarrollo material excluyente, sino en una nueva civilización: la civilización de la austeridad compartida, acorde con un ideal de convivencia más justo y humanizador.



