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P. Horacio Pérez

Si Dios te da limones, haz limonada

Uno de los grandes retos que deberás enfrentar en tu vida es el de encontrar tu lugar en la sociedad y en la Iglesia. Para ti, que buscas tu vocación, describiré cinco pasos que te pueden ayudar a discernir el proyecto de Dios para ti.

 

1. El diálogo con Dios

 La vocación no es un “plan” que haces para tu vida. Tampoco es una decisión que tú tomas. La vocación es la llamada de Aquel que te amó primero, te escogió desde el vientre de tu madre y a la cual tú respondes. Por lo tanto, solo mediante el diálogo con Dios podrás encontrar lo que Él quiere de ti. En este diálogo de amistad podrás oír su voz que te llama: Ven y sígueme (Lc 18, 22).

2. El encuentro contigo mismo

Dios habla al corazón de cada uno de sus hijos. Es allí en donde escuchas su voz. Para descubrir lo que Dios quiere de ti, tienes que sentir, escuchar y escudriñar lo que se mueve en tu interior: tus deseos, miedos, sentimientos, inquietudes, esperanzas… su voluntad, pues al final de cuentas la vocación no es hacer lo que “yo quiero”, sino lo que “Dios quiere”. Para esto es necesario también hacer memoria de tu historia, de aquellos momentos significativos que has vivido y a través de los cuales Dios te ha llamado. Conócete a fondo. Se consciente de tus cualidades, aptitudes, talentos, carácter, virtudes… pues como dice el dicho popular: Si Dios te da limones, haz limonada.

3. Encuentro con la realidad

Mira a tú alrededor y pregúntate: ¿qué me está diciendo Dios a través de tanta pobreza, ignorancia, dolor, desesperación, de tanta necesidad en el mundo? Los caminos para realizar tu vocación son múltiples. No basta con querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus hermanos. Es necesario saber dónde y cómo quiere Dios que tú lo sirvas. Para descubrir tu lugar en la Iglesia y al servicio del Reino de Dios, también es conveniente que conozcas las diversas vocaciones específicas que hay: el matrimonio, la vida sacerdotal o la vida religiosa. Infórmate sobre la espiritualidad de cada una de ellas y sobre los múltiples carismas de las diferentes congregaciones religiosas.

4. Reflexión

La vocación es un llamado al compromiso para toda la vida. Por eso no te puedes lanzar sin antes haber reflexionado seriamente sobre ti y sobre la vida que pretendes abrazar. Después de encontrarte con Dios, contigo mismo y con la realidad, piensa sinceramente si podrás vivir las exigencias que implican tal o cual vocación.  Con la luz del Espíritu Santo podrás descubrir lo que Dios quiere de ti.

5. Decisión

Habiendo descubierto lo que Dios quiere de ti, decídete a seguirlo. Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: “¡Ay Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho” (Jr 1, 6). Sin embargo, a pesar de tus limitaciones responde como Isaías: “Aquí estoy, Señor, envíame” (Is 6, 8); o como la misma Virgen María: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38). Decir el “sí” con el cual comprometes toda tu vida es una gracia. Pídele al Espíritu Santo que te dé esa capacidad de respuesta.