Cuando en nuestro interior escuchamos que Dios nos invita a colaborar en su proyecto, a construir el Reino, no es fácil dar una respuesta. Varios profetas así lo experimentaron, como Jeremías. Reza con la vocación del profeta (Jeremías 1, 1- 19).
Regresemos a los años 627 y 587 a.C. es la época en que vivió el profeta Jeremías y en el que Judá va a pasar por momentos trágicos. La voz del profeta va a cuestionar la vida política y religiosa. Jeremías va a vivir el rechazo y la persecución de los reyes de Judá, sacerdotes y hasta el mismo pueblo. Al profeta Jeremías le tocará ver la caída de Jerusalén año 587 a.C.
No defrauda
Desde joven Jeremías siente el llamado del Señor que le hace comprender que su vocación y la de los demás, inicia en el seno materno “Antes de formarte en el vientre, te conocí” (1,5) Jeremías nace en Anatot, pueblo cercano a Jerusalén. Dios que llama al profeta para “Arrancar y derribar, para destruir y demoler, para edificar y plantar” (v 9), va a ir acompañando su misión y le garantiza su cercanía en el camino de su encomienda.
Jeremías es realista, “No sé hablar, soy un niño” (v 6), el profeta vive crisis internas debido a que se siente perseguido, torturado y encarcelado. También nosotros, -quizá como el profeta- nos sentimos limitados para emprender la misión que Jesús nos ha encomendado. Pero él, que no defrauda a nadie, nos va acompañando en la misión.
Anuncio y denuncia
¿Cuál va a ser la misión del profeta? Jeremías anuncia y recuerda al pueblo de Israel, el gran cariño y ternura que Dios ha tenido al liberarlos de la esclavitud de Egipto y del Faraón. Dios va a ser como un padre y una madre que cuida y lleva de la mano a sus hijos, esta cercanía de Dios va a quedar grabada en el corazón de los israelitas.
Jeremías, denuncia a quienes no ponen su confianza en el único Dios y se apoyan en falsas seguridades (7, 21-28; 11, 15-16); también, el profeta hace ver que no se practica la justicia y se oprime a los débiles e indefensos (5, 26-31; 9, 1.39). Jeremías va a ir en contra de la idolatría, la injusticia, del culto vacío y de aquellos pastores y profetas falsos.
Reflexión personal
Toda vocación surge por iniciativa de Dios, él va sembrando la semilla por mucho tiempo en el corazón de quién es llamado ¿He experimentado alguna vez que Dios me esté invitando a colaborar con él en algún estilo de vida? ¿Cómo lo vivo, qué sentimientos produce en mí?
Jeremías, el profeta, se sentía poca cosa ante la misión que Dios le estaba pidiendo, pero no se abandonó a sus fuerzas, sino a la fuerza del espíritu de Dios. ¿Considero tener un conocimiento de mí mismo? ¿Mis límites han frenado alguna vez mis opciones de vida?



