Skip to main content
P. Carlos Mongardi

Palabras de un amigo y maestro

         El Concilio Vaticano II habla de la vida religiosa, desde los consejos evangélicos, en la línea de la doctrina de Santo Tomás de Aquino. “Los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, de pobreza y de obediencia, como fundados en las palabras y ejemplos del Señor y recomendados por los Apóstoles y Padres, así como de los doctores (y pastores) de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibió del Señor y que con su gracia conserva siempre” (Lumen Gentium, n. 43).

En primer lugar, santo Tomás declara que “la perfección de la vida cristiana consiste en la perfección de la caridad, o en la observancia de los dos preceptos –amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a nosotros mismos– ya que de ellos depende toda la ley y los profetas” (Suma Theologica II, II, q. 184, a. 3).

En segundo lugar, la perfección no consiste en un “estado de perfección”, ya que la perfección sólo consiste en la caridad. Y tiene poco sentido comparar si es más perfecto el estado del religioso, del obispo o del presbítero. Además nadie puede decir que alcanzó la perfección cristiana, ya que sólo podemos tender a la perfección de la caridad. (Cfr. op.cit., q.186, a.1).

En tercer lugar, la perfección reside esencialmente en la caridad o en sus señales de preparación o de consecuencias, y reside instrumentalmente en los consejos de la pobreza, castidad, obediencia, para alcanzar el fin que es la caridad. Otra señal clara era “el abandono del mundo seglar y entrar en religión” (S. Th., II, II, q. 186, a. 2).

En cuarto lugar, la pobreza encuentra su motivación bíblica en varios pasajes del evangelio  desde las bienaventuranzas a la invitación de Jesús: “si quieres ser perfecto, ve y vende lo que tienes y dalo a los pobres” (Mt 19, 21). En la práctica las órdenes mendicantes, nacieron como pobres que vivían de la mendicidad, pero al tiempo de Tomás, la pobreza ya estaba mitigada y permitía propiedades comunes modestas al servicio de la libertad espiritual y de la predicación (Cfr. q. 187, a. 5 y q. 188, a. 7).

En quinto lugar, Tomás escribe ampliamente sobre la castidad (S. Th., q. 151), la virginidad (S. Th., q. 152) y la continencia (S. Th., q. 155), sin ninguna fundamentación bíblica, y sin una referencia directa a la vida consagrada. Ve más bien el placer de la carne como un ofuscamiento de las facultades humanas de la inteligencia y de la voluntad. Para algunos lo mejor es vivir en la continencia y para otros lo mejor es el matrimonio.

        Sobre el tema de la vida consagrada, en el pensamiento de Tomás de Aquino, habría que tomar en cuenta sus Opúsculos sobre la vida religiosa, en polémica con los maestros clérigos no religiosos, del año 1252, en la universidad de París. Pero tanto de un lado, como del otro, hay un claro fundamentalismo en forzar la Escritura en defensa de los propios privilegios y prejuicios. Para santo Tomás “los consejos son las palabras de un amigo y maestro, Cristo; y son placenteros, útiles y oportunos” (S. Th., I-II, q. 108, a. 4). Sin embargo, el contexto de estas palabras no las refiere a un estado particular de vida, sino a la experiencia de la nueva ley, que el Espíritu Santo infunde en el corazón de todo cristiano.