Con alegría escucho a mis hermanos que comparten sus vivencias como misioneros en lugares donde el número de bautizados es abundante cada año durante las celebraciones de la Pascua. Algunos han llegado a tener más de trescientos bautismos en la Vigilia Pascual. Celebraciones llenas de cantos, danza y gozo de comunidades que experimentan la alegría del encuentro con Jesús, y viven convencidos que Él está vivo y presente en su pueblo. Me alegro enormemente por ellos y sus comunidades.
i caminar es un poco contrastante con el número de convertidos. Pues aun, cuando haya sido enviado a compartir mi fe en medio de un pueblo donde el cristianismo es una minoría, y donde quienes llegan a abrazar el bautismo sean como gotas en un vasto océano, no por eso dejo de admirar aquello que para esas minorías representa el encuentro con la vida y el mensaje de Jesús. Muchos son los que en cada rincón de este mundo, encuentran admiración y sorpresa en su encarnación, luz y fuerza en el misterio de su pasión y muerte, esperanza y gozo en su resurrección.
El mensaje es muy claro: El Amor vence, el Amor tiene una victoria sobre todo, también sobre la muerte. Jesús, el hombre de Galilea que se hizo cercano a los marginados y excluidos, es la imagen del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, del grano de trigo que muere para dar fruto, Él se transforma en el Principio y Fin, el Alfa y Omega, en el centro e inspiración de hombres y mujeres que viven una Vida Nueva.
No, no son muchos aquellos a quienes yo he bautizado en mis años de servicio fuera de mi patria. Sin embargo, al anunciar que Jesús ha resucitado, me he encontrado con muchos otros de sus discípulos que llevan la misma alegría en su corazón: un joven estudiante que ha dejado su conformismo e indiferencia para dedicarse en plenitud a su preparación académica, un padre de familia que ha dejado sus angustias y agresiones familiares, una mujer pensionada que se renueva jovialmente y ofrece su tiempo y energías en un servicio comunitario, e incluso ese hombre moribundo que después de un largo periodo de enfermedad, es capaz de hacer suyas las palabras de Jesús en la cruz, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Jesucristo, el Resucitado, está vivo, y sigue enviando a sus discípulos por el mundo para dar su mensaje de paz y vida.



