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Xaverianos

¡Esta es la hora de la misión!

página 12Han pasado ya muchos años desde que Jesús vino al mundo, para darnos a conocer el sueño de Dios: hacer que todos los pueblos de la tierra formen una sola familia. Pero aun falta mucho mucho por hacer, es por eso que Dios necesita a cada uno de nosotros para que este sueño se haga realidad.

“Si alguna vez a alguno de ustedes, queridos jóvenes, el Señor hubiese ya hecho, o hiciese sentir en el corazón la amorosa invitación, no responda con un descortés rechazo, y no vuelva la espalda al Maestro por razones humanas o por intereses terrenos, no se contente de sentir una estéril admiración por los heraldos del Evangelio, sino siguiendo el ejemplo de los Apóstoles responda sin vacilar: Estoy listo, oh Señor, te seguiré a donde quiera que vayas, iré a donde tú quieras.

 Hoy no vengo ahora a solicitar su limosna. Vengo a proponerles algo mucho más grande. Si el Señor lo quiere, si ustedes se sienten capaces, vengo en nombre de Dios, a pedirles el sacrificio de su juventud, de su inteligencia, de sus energías, y de sus afectos más legítimos y queridos. Es un gran sacrificio esto que les propongo, pero se los pido en nombre de Aquel, que primero ha dado todo de sí mismo por nosotros, y ha prometido reconocer como hermanos suyos, a aquellos cumplieran la voluntad de su Padre. Quien sabrá dar esta suprema prueba de amor, gozará también en esta vida, alegrías inexplicables desconocidas al mundo, preludio de aquellas que les son reservadas en el cielo. Ninguna alegría y ninguna gloria supera aquella del Apóstol, que coopera con Cristo a la salvación de las almas, que conquista a la Fe y a la civilización cristiana, una multitud, una tribu, quizás un pueblo entero, que bendecirán por siempre su nombre”. (Carta a los queridos jóvenes católicos de la diócesis de Parma, 8 Marzo 1925)

 Y tú, ¿Te animas?