Autor: Osvaldo Pulido.
Dar lugar a la alegría
El relato de Isaías, nos presenta un mensaje cargado de esperanza. Es el grito del Señor expresado por la boca del profeta: «Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios» (40,1). Dios por medio de Isaías consuela a su pueblo que se encuentra en el exilio, es un anuncio de alegría y liberación. Ahora el pueblo de Israel puede mirar con confianza hacia el futuro: le espera el regreso a su patria.
Isaías se dirige a la gente que ha atravesado un periodo oscuro, que ha sufrido una prueba muy dura; pero que ahora ha llegado el tiempo de la consolación para ellos. La tristeza y el miedo desaparecen para dar lugar a la alegría, porque el Señor busca liberar y salvar a su pueblo. Dios cuida a cada uno de nosotros con paciencia, como un pastor cuida a su rebaño, sobre todo a las ovejas más frágiles y débiles (v. 11). Hoy también, Jesús nos invita a anunciar a nuestros contemporáneos, un mensaje de consuelo y esperanza.
La ternura del SeñorCada uno de nosotros podemos ser mensajeros de la consolación de Dios, si primero experimentamos la alegría de ser consolados y amados por el Señor; esto lo podemos vivir cuando escuchamos el Evangelio, cuando permanecemos en oración, cuando nos encontramos con Jesús en la Eucaristía o en el sacramento del perdón. Todo esto nos consuela y nos da paz para ser instrumento de paz y consolación para los demás.
Dejemos entonces que la invitación de Isaías “Consuelen, consuelen a mi pueblo” vaya resonando en nuestro corazón. En nuestros días, ahora más que nunca, se necesitan personas que sean testigos de la misericordia y de la ternura del Señor, que sacuda a los resignados, que reanime a los desanimados, que encienda el fuego de la esperanza a los que la han perdido. Cada uno estamos llamados a ser protagonistas del Reino aquí en la tierra.
Reflexión personal- Comenzamos a ver la trayectoria de la vocación de los profetas, aquellos hombres que se pusieron en camino a la escucha atenta de lo que Dios les iba pidiendo, como Isaías. ¿Qué entiendo por vocación? ¿Conozco a hombres y mujeres que Dios les ha hecho un llaado? ¿Me he puesto alguna vez en camino para descubrir cuál será la vocación a la que Dios me llama? ¿Quiénes me han ayudado en esta tarea?
- Isaías me invita, ante que todo, a dejarme consolar por el Señor, para lograr ser instrumento de consolación para los oprimidos, los que son esclavos del dinero y del poder, etc. ¿En mi vida he sentido el consuelo de Dios? ¿Cómo lo he vivido? ¿Qué personas o acontecimientos han influido para sentirme amado y consolado por Dios?
- El mensaje de consolación del que habla Isaías, es un bálsamo sobre mis heridas, un estímulo para seguir caminando con ilusión. Dios quiere hablarme también hoy al corazón, para consolarme. ¿Me fío de Jesús con un corazón humilde? ¿Siento que me voy liberado de las ataduras que me impiden reconocer la ternura de Dios? ¿Descubro la acción del Espíritu Santo como protagonista en los momentos de consolación?

