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Xaverianos

Primer contacto de Conforti con la vida consagrada

página 5Autor: P. Tiberio Munari.  

San Guido María Conforti vivió su primera infancia en Casalora, cerca de la ciudad de Parma (Italia). Casalora es uno de los pocos caseríos antiguos que han sobrevivido a la acción del tiempo, y aunque tenía una pequeña capilla, anexa a la casa de los Conforti, como municipio y parroquia, dependía de Ravadese, donde el pequeño fue bautizado y en cuya iglesia cerca del bautisterio está una lápida a su recuerdo.

En el otoño de 1873, a los 8 años, el pequeño Guido dejó Casalora para estudiar la primaria en el colegio de los Hermanos de la Salle, en Parma. Este fue su primer contacto que tuvo con la vida religiosa. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas eran muy exigentes en la disciplina, pero usaban más bien el método persuasivo que el castigo, y por ello especialmente enseñaban la religión. Cuando Mons. Conforti era invitado por los Hermanos lasallistas recordaba las hermosas exhortaciones del hermano Bercario y los catecismos del hermano Crispino: “¡Qué lindas reflexiones nos hacían!”; Guido veía en toda su manera de enseñar, “que eran verdaderos ministros de Dios, ejerciendo su cargo con amor y diligencia”, como los exhortaba su fundador san Juan Bautista de la Salle.

Cuando a los 11 años entró al seminario diocesano de Parma, a través de  los retiros espirituales, de la dirección espiritual y de la confesión, tuvo contacto con los religiosos jesuitas Labadini y Massara, que le aconsejaron la lectura de la vida de los Santos de la Compañía, especialmente de san Francisco Xavier, san Juan Berchmas y san Estanislao Kostka. El libro que más le impactó y dejó una profunda huella en el joven Guido, fue la biografía de san Francisco Xavier, en la que encontró una vida nueva, la del misionero que abandona su casa, su patria para recorrer los caminos del mundo como misionero.

Si en un primer momento, la vocación de Guido había sido influenciada por una visita a la capilla del Seminario el día de la Purificación de 1889 y la palabra “curita” que le daban los compañeros del colegio, ahora empezaba a soñar un horizonte más grande, el mismo de Xavier.

Cuando estuvo enfermo, en uno de sus ataques, decía: “Ustedes verán cuando tenga la barba y sea misionero” Y a su mamá escribirá “Si Dios quiere, no quisiera morir párroco, y este paso que yo quiero dar será para una meta más grande y más noble, a la que suspiro con todo el ardor de mi corazón”.

Para cumplir esta meta, primero escribe al provincial de los Jesuitas, el cual le responde que no acepta su condición de ser misionero en China. Tampoco recibe respuesta de los salesianos de Turín. ¿Por qué no se dirigió a los Misioneros de Milán? Porque no era una congregación religiosa con votos. Fracasaba así su primer deseo de ser misionero “raso”. Como si Dios le hubiera dicho: “Tú serás misionero, ¡pero a mi manera!”; “mis pensamientos no son tus pensamientos, mis caminos, no son tus caminos” (Is 55, 8)