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Xaverianos

¿Qué vida está desapareciendo?

página 8Autor: P. Gerardo Custodio  

Creo que la mayoría de los que vivimos en este país sabemos lo que está sucediendo en nuestra sociedad, sobre todo en estos tres últimos meses. Con frecuencia escuchamos o nosotros mismos nos preguntamos, ¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Cuándo va a parar todo esto? ¿Cuál es la solución para una sociedad más justa y fraterna?

Por todo el país ha habido manifestaciones de descontento. Esto parece responder a la insatisfacción de ver una sociedad deteriorada, tratando de encontrar a los responsables. Pero, en verdad ¿Quiénes son los verdaderos responsables? La respuesta comienza por cada uno de nosotros.

El miércoles 26 de noviembre, a dos meses de la desaparición de los 43 jóvenes en Ayotzinapa, algunas Congregaciones Religiosas y laicos hemos participado en la ciudad de Guadalajara en una marcha de silencio y oración por la paz y reconstrucción del tejido social que nos rodea. La iniciativa surgió del IFFIM (Instituto de Formación Filosófica Intercongregacional de México) unido a otras instituciones de la ciudad. El IFFIM previamente había enviado una carta a las familias de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, con copia a algunos obispos, donde se expresaba la solidaridad por el dolor de las familias, “para mirar desde el Crucificado los acontecimientos de violencia irracional y deshumanizante”.

En esta carta expresaban que “desde la comunidad académica de las congregaciones religiosas y laicos que representamos, les enviamos un cordial saludo y nuestro más profundo reconocimiento a su labor, exhortándolos a todos a no claudicar en la tarea de la defensa de la dignidad humana, valor fundamental que nos permite un auténtico progreso moral como sociedad mexicana, y que colectivos como el de ustedes, historizan la Verdad profunda de la persona, transfigurando con su actuación nuestro mundo caduco, que alumbra en medio de dolores de parto, un mundo nuevo”.

La procesión fue en silencio, con letreros alusivos a la paz y a la solidaridad por los que luchan por algo mejor. Fue como un Vía Crucis del Jesús que cae a lo largo del camino, pero no desiste con tal de cumplir su misión por la redención de la humanidad. La llegada fue a la Basílica de Zapopan y bajo el amparo de Nuestra Señora, hubo cantos, oraciones, reflexiones a partir de citas evangélicas,  testimonios de las Madres de Centroamérica en busca de sus hijos y parientes desaparecidos.

Pero no sólo hay miles de personas desaparecidas en México y en otros países del mundo. El deseo por una vida mejor para todos, y que se respete la dignidad de la persona hace que se continúe en la búsqueda de caminos que nos hagan hermanos y hermanas, en una convivencia pacífica. La vida ha desaparecido para muchos que han buscado mejorar la situación de su familia, pero el anhelo con el que todos soñemos de vivir la utopía de una paz duradera, comienza en nosotros, en nuestras familias, en nuestro día a día, en el trabajo, en el tráfico, en la escuela, en todo lugar que estemos. Vivimos confiados en la promesa de Aquel que quiso quedarse con nosotros hasta el fin del mundo, caminado a nuestro lado, como con los caminantes de Emaús, porque en ÉL se puede abrir nuestra mente y corazón a una nueva luz, a una nueva forma de vivir, a una sociedad que todos soñamos.