Skip to main content
Xaverianos

Abrazar el futuro con esperanza

página 9Autor: P. Jesús Romero

Hablar de los retos de la vida consagrada no es nada nuevo, siempre los ha tenido. Los hay viejos y nuevos, basta con ver la historia. Cada familia religiosa tiene los suyos propios. Los hay también en los distintos ámbitos en donde se vive y testimonia la vida entregada al Señor, tanto en la misión como en la Iglesia Local, en el campo de la promoción humana, así como en la vida espiritual, y podríamos continuar pero ya esto es más que suficiente para tener un panorama y orar por los consagrados en este año 2015, “Año de la Vida Consagrada”.

Situación de la humanidad

No es posible que los consagrados se queden al margen de los grandes e inquietantes problemas que amenazan a la humanidad entera, y los interrogantes que estos nos plantean, pues están llamados a presentar al mundo otra forma de vivir que tenga en cuenta a Dios. Ya que “la codicia de los bienes, el ansia de placer, la idolatría del poder, o sea la triple concupiscencia que marca la historia y que está en el origen de los males actuales, sólo puede ser vencida si se descubren los valores evangélicos de la pobreza, la castidad y el servicio. Los consagrados deben saber proclamar, con la vida y con la palabra, la belleza de la pobreza del espíritu y de la castidad del corazón que liberan el servicio hacia los hermanos y de la obediencia que hace duraderos los frutos de la caridad” (CDC 45).

 Abrazar el futuro con esperanza

El Papa Francisco en la Carta Apostólica que dirige a todos consagrados con motivo del año de la vida consagrada, los invita a abrazar el futuro con esperanza y a continuación explica: “Abrazar el futuro con esperanza quiere ser el tercer objetivo de este Año. Conocemos las dificultades que afronta la vida consagrada en sus diversas formas: la disminución de vocaciones y el envejecimiento, sobre todo en el mundo occidental, los problemas económicos como consecuencia de la grave crisis financiera mundial, los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social... Precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: «No tengas miedo, que yo estoy contigo» (Jr 1,8).

 La esperanza de la que hablamos no se basa en los números o en las obras, sino en aquel en quien hemos puesto nuestra confianza (cf. 2 Tm 1,12) y para quien «nada es imposible» (Lc 1,37). Esta es la esperanza que no defrauda y que permitirá a la vida consagrada seguir escribiendo una gran historia en el futuro, al que debemos seguir mirando, conscientes de que hacia él es donde nos conduce el Espíritu Santo para continuar haciendo cosas grandes con nosotros”.

 Ante los retos la esperanza

Si en este primer artículo insisto más en los retos y solo reafirmo que Dios es la fuente de la esperanza, Él nunca falla, es siempre el amén siempre es un sí (1 Cor 19 – 20). He pensado en los signos de esperanza que ofrece cada continente y maravilla a propios y extraños de la creatividad del Espíritu que crea, renueva, hace florecer la vida consagrada con tonos, colores y perfumes que alegran el presente y el futuro de la vida consagrada; pero no tenemos el tiempo ni el espacio suficientes para hacerlo ahora, lo haremos a lo largo de este año. Esperanza y más esperanza, que lo que mucho vale tarde se alcanza.