No es difícil encontrar padres que se desviven por sus hijos y que algunas veces les toca sufrir porque no siempre recogen los frutos que de ellos esperaban. Jesús se vale de este ejemplo tan humano y familiar para enseñarnos cómo debemos dar un sí genuino y positivo a Dios. Toma la lectura de Mateo 21, 28-32 y reflexiona.
Mateo nos presenta otra parábola, un ejemplo más para darnos otra lección de vida. La narración de esta página tiene mucho que ver con las relaciones interpersonales que se viven en una familia y sobre todo en la relación de los padres con los hijos. La parábola habla de un Padre que tenía dos hijos, los cuales los manda a trabajar a su viña, aparentemente uno obedece y el otro no, pero a la hora de actuar uno queda mal y el otro cumple lo mandado.
Un sí a DiosEl primer hijo refleja a los dirigentes judíos que le dijeron sí a Dios, pero cuando envío a su Hijo no lo aceptaron, sino lo acusaron y asesinaron. El segundo hijo, en cambio, representa al resto de Israel: los samaritanos, los publicanos, los recaudadores de impuestos, las prostitutas, los pobres, leprosos, y enfermos. Algunos de estos no conocían a Dios, otros no sabían cómo adorarlo, a otros se les prohibía participar al culto, y había quienes tenían odio en su corazón por sentirse discriminados por los demás. Este grupo de personas son capaces de dar un sí a Dios en la persona de Jesús.
Recordemos que los dirigentes religiosos conocían de la ley, pero muchas veces no la cumplían, sino al contrario se la imponían a los demás. Así, estas personas creían estar bien con Dios aunque no lo estuvieran con los demás. En nuestros días podemos correr el riesgo de decirle sí a Jesús, que queremos ser buenos cristianos, cumpliendo con nuestras prácticas religiosas, pero nuestra conversión es pobre.
Un cambio de vidaEl segundo hijo de la parábola, refleja a todos aquellos pecadores excluidos por la ley y por tanto condenados por Dios. Varios de estos pecadores cambiaron su vida al escuchar predicar a Juan el Bautista y surgió en ellos una conversión, se arrepintieron de su vida pasada y se dejaron bautizar por el profeta. Más adelante se encuentran con Jesús, lo siguen diciendo si a su mensaje de liberación, y sintiéndose realmente amados por Dios.
Tal vez también hoy algunos cristianos pareciera que no cumplen con Dios, pero sus actos demuestran lo contrario porque ponen en práctica el amor de Dios, dando un sí filial al seguimiento de Jesús abriendo su corazón como discípulos a la Palabra del Maestro.
Reflexión personalEl relato nos presenta una escena que quizá tiene que ver con mi vida, porque ¿Quién de nosotros no nos reconocemos en uno de estos dos hermanos que siempre desplazan el deseo de un Padre bueno? Tomando en cuenta este pasaje del Evangelio ¿Con cuál de estos dos hijos me siento identificado? ¿Cuál es mi respuesta ante lo que se me manda hacer? ¿Cómo lo vivo?
Reflexionando en la imagen del Padre Dios, su Hijo Jesús fue considerado como tal no porque él no dijo sí y luego no, sino porque en él hubo siempre un sí aun cuando algunas veces haya tenido dificultades. Tomando como modelo a Jesús, ¿Considero que puedo ser capaz de responder como el segundo hijo de la parábola que dijo un “no” y luego un “sí”, aunque tenga que renunciar a mis intereses personales para cumplir lo que Dios pide de mí?
A Jesús le tocó ir descubriendo a lo largo de su vida lo que su Padre le iba pidiendo, sin embargo, a pesar de las pruebas se mantuvo fiel a la voluntad del Padre hasta el final. ¿En mis relaciones con los demás como vivo mi fidelidad? Y como cristiano, en el caminar con Jesús ¿Busco ser fiel a su persona y a su mensaje liberador? ¿En qué se traduce esta fidelidad?

