A Jesús le tocó vivir en un mundo donde existía una total separación y discriminación entre sanos y enfermos, puros e impuros, justos y pecadores, sabios y sencillos, judíos y gentiles (paganos), varones y mujeres, libres y esclavos, sacerdotes y laicos. La conducta de Jesús de Nazaret, con toda su enseñanza, su comunidad de familias y su utopía de fraternidad incondicional, constituyó una crítica práctica y eficaz, e incluso una amenaza, a las prácticas comunes en favor de las castas privilegiadas, ya que estas consideraban que las castas más bajas estaban marcadas por una maldición divina, por lo que las hacía contagiosas, peligrosas e intocables.
Toda una ideología religiosa estaba a la base de este sistema de injusticia, y marginación, no solo en el pueblo judío, sino en gran parte de la población en tiempos de Jesús. También el mundo griego y el imperio romano, estaban estructurados sobre la división entre libres y esclavos, ciudadanos y extranjeros, la marginación de las mujeres, los niños y los pobres.
Parece increíble que en los evangelios y en casi todos los textos del Nuevo Testamento, nunca aparezca una familia completa unida, y una mujer inserta en una familia completa. Un elemento que podría ayudar a comprender esta situación, es que las familias continuamente tenían que enfrentar el problema de la guerra. Otro elemento podría ser que los autores estaban preocupados por presentar un modelo de Jesús que reconcilia a todos con Dios y con la comunidad. Un motivo más claro de la ausencia de una familia completa en los evangelios, quizás dependa del estilo de escribir de los antiguos. Por ejemplo en las obras de los clásicos griegos, como Homero, Herodoto, o Platón, no aparecen familias completas. Este dato lo podemos constatar igualmente en los medios actuales de comunicación, casi siempre se presentan individuos y no familias.
La familia que se presenta más completa de todas, es ciertamente la de Jesús en Nazaret, con padres, hermanos y hermanas y una tía mencionada en los evangelios. De la familia de Pedro se recuerda la suegra –nunca se habla de la esposa, que la tradición nombró Petronila- y su hermano Andrés, que también fue seguidor muy cercano de Jesús (Mc 1, 18). De Santiago y Juan se dice que dejaron la barca y a su padre (Mc 1, 20), luego su madre se une a ellos para seguir a Jesús (Mt 20, 20). La “madre de los hijos de Zebedeo”, como así es llamada, pertenece al grupo de mujeres, que siguieron a Jesús para servirle desde Galilea hasta el Calvario (Mt 27, 56). Parece ser que esta mamá fue una seguidora más fiel y servicial que sus problemáticos hijos (Mc 3, 17), fanáticos y aguerridos (Mc 9, 38).
Entre las mujeres que se acercan a Jesús hay enfermas, pecadoras, y viudas. Un dato que llama la atención es que estas mujeres se parecen a Melquisedec, sin padre ni madre, así como habría sido Jesús como sacerdote (Heb 6, 20).

