La historia de cada persona es una historia de misterios. Uno puede emprender un camino y de pronto se encuentra en otra parte. El hilo misterioso de la Providencia guía, silenciosa y armónicamente los acontecimientos de la vida. Es el misterio de la existencia humana: se piensa una cosa y se hace otra.
Cuando uno recuerda cómo comenzó su vocación, ve las sombras de un campanario y el repique de campanas, la acción católica, un monaguillo, el coro parroquial de un pequeño pueblo, casi desconocido, que apenas aparece en el mapa de la Cerdeña, pero está ahí: Ittiri. Y en ese tiempo de los años 1945-1950, tres sacerdotes marcan la vida de la parroquia. Son sacerdotes preocupados de la formación cristiana de la gente, la dirección espiritual, y el contacto personal con las personas.
Terminada la Primaria, qué más le quedaba a Rafael, llamado Lillino que escoger el seminario diocesano. Empezó la preparación: encuentro con los seminaristas, preseminario, preparar la ropa y los libros para poder ingresar en el seminario el próximo mes de octubre.
Pero la Providencia estaba al asecho. Un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera, pasa por la parroquia, sin saber bien a qué venía, un sacerdote diferente, alto, delgado, con faja a los lomos, barba y bigote. Nunca se había visto un cura así. Después se supo que se llamaba P. Ildo Chiari. Hombre serio, pero jovial, que inspiraba confianza. Don Serra, uno de los vicarios de la parroquia y director del coro parroquial, dijo que era un misionero xaveriano, que tenía en Macomer un seminario para aspirantes a misionero. Un encuentro fugaz, casi a escondidas y la cosa fue hecha. El 10 de octubre a los papás de Lillino, no les quedó más remedio que preparar todo lo necesario para ir a Mancomer, para acompañar a su hijo al seminario misionero.
Así empieza la historia del P. Rafael Piras que el pasado 25 de octubre, cumplió 50 años de sacerdocio misionero y xaveriano. Largo fue su camino de formación, por todo lo largo y ancho de la península italiana. Luego España y en México ¡45 años seguiditos! Y también en nuestro país para arriba y para abajo: Mazatlán, San Juan del Río, Guadalajara, Mazatlán, de nuevo Guadalajara y finalmente, ¡otra vez!, Mazatlán. ¿Etapa final? Dios dirá. Dios nunca pone punto final a sus relatos. Sigue con su creación, cada día. Con motivo de este aniversario, creí conveniente acercarme a él para ver cómo vive este acontecimiento.
Es evidente que después de 50 años de sacerdocio el P. Rafael Piras vuelva la mirada hacia atrás y haga un resumen de su sacerdocio: “Cuando hayas hecho todo lo que te fue mandado, di: Somos siervos inútiles; hemos hechos lo que debíamos hacer”. Al P. Rafael no le gusta hablar mucho de sí mismo, pero viéndolo, uno puede descubrir que cada uno de nosotros somos instrumentos en las manos de Dios. No instrumentos pasivos, juguetes en manos de Dios, sino activos. Lo que se hace por medio de nosotros, no es nuestro. Dios actúa por medio de nosotros.
Durante la charla recordó una frase del Papa Francisco: “encontrar a la gente ya es diálogo.” Y quizás lo que caracterizó el sacerdocio del P. Rafael es el encuentro. A lo mejor Dios le concedió que su nombre –Rafael, medicina de Dios- haya sido el hilo conductor de su vida. Los muchos años de enseñanza, en San Juan del Río, y en las distintas etapas de Mazatlán, más que comunicar conocimientos, fue encontrarse con la gente: alumnos, padres de familia, maestros… Encontrarse para escuchar, así de sencillo. Y escuchar significa tener mucha paciencia y… dedicar tiempo. El P. Rafael me confesó: saber escuchar es la primera regla del diálogo.
A mi pregunta: ¿Por qué ha perseverado en su vocación? La respuesta fue inmediata: “Hay Alguien que te guía y te susurra al oído y te dice cuál es el camino a seguir. Y ese Alguien quiere lo mejor para ti. Dios no es codo, tacaño. Va siempre por lo mejor. Y es, además, un Dios terco. No se desanima cuando le dices no y te vas por otro rumbo. Él te espera callado y silencioso, con mucha paciencia. A tu regreso te ofrece un banquete de bodas. El encuentro con Dios se tiene que vivir como una fiesta; no una fiesta cualquiera, como la de un antro, por ejemplo, sino una fiesta de banquete de bodas. ¡Qué maravilloso sería si los cristianos concibieran su ser cristiano como una fiesta y no una serie de obligaciones y deberes! Otro sería el panorama del mundo cristiano hoy”.
Hoy en día el P. Rafael es el encargado de Radio Cultura, la estación de radio que posee el Instituto Cultural de Occidente. Hoy su voz es escuchada en un radio de 300 kilómetros. Es otra forma de encontrarse, en el anonimato, con la gente; es otra forma de dialogar a distancia. Es otra forma de poner en práctica ese mandato de Cristo: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura”.
Para concluir el P. Rafael recordó unas palabras del Papa Francisco: “La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones”.
¡Muchas felicidades P. Rafael!
